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sábado, 11 de agosto de 2018

SANTA CLARA DE ASÍS - 11 de Agosto




SANTA CLARA DE ASÍS

Clara nació en Asís, Italia, en el año 1193. Su padre, Favarone Offeduccio, era un caballero rico y poderoso. Su madre, Ortolana, descendiente de familia noble y feudal, era una mujer muy cristiana, de ardiente piedad y de gran celo por el Señor. 
Santa Clara fue discípula de San Francisco de Asís y quiso seguir el camino de austeridad señalado por él a pesar de la oposición familiar. Ella despertó la vocación de su hermana Inés y con otras dieciséis jóvenes parientas se dispuso a fundar una comunidad. Fue un ejemplo de humildad y trabajo.
Desde sus primeros años Clara se vio dotada de innumerables virtudes aunque su ambiente familiar pedía otra cosa de ella.
Ya en ese entonces se oía de los Hermanos Menores, seguidores de San Francisco. Clara sentía gran compasión y gran amor por ellos. Se sentía unida de corazón a ellos y a su visión.
El Domingo de Ramos de 1212 Clara, después de escuchar los fervorosos sermones de San Francisco, buscó refugio en el grupo de los Frailes Menores. Olvidó a su novio y abandonó la vida de riquezas, honores y comodidades. En el Cielo brillaban las estrellas cuando, de rodillas ante San Francisco de Asís, hizo clara la promesa de renunciar a la riquezas y comodidades del mundo y de dedicarse a una vida de oración, pobreza y penitencia. El Santo, como primer paso le cortó el cabello y la consagró como novia de Cristo y la acompañó al convento de monjas más cercano. Desde entonces cada noche el cielo le recordó sus votos hechos en la pequeña Porciúncula, sin romper nunca su juramento, aunque sus parientes insistieron permanentemente que volviera a vestirse de seda. Clara se quedó más de 40 años, penó y oró en el pequeño convento de San Damián por el mundo, primero sola luego como madre espiritual de muchas compañeras que no se amedrentaban por la extrema pobreza y mortificaciones. Nunca antes el aislamiento del mundo se había realizado con tanto rigor como en la nueva orden femenina llamada las Clarisas Pobres. Ellas pedían limosna aunque trataban de ganarse el sustento con el trabajo de sus manos.
En 1241 los sarracenos atacaron la ciudad de Asís. Cuando se acercaban a atacar el convento que está en la falda de la loma, en el exterior de las murallas de Asís, las monjas se fueron a rezar muy asustadas y Santa Clara que era extraordinariamente devota al Santísimo Sacramento, tomó en sus manos la custodia con la hostia consagrada y se les enfrentó a los atacantes. Ellos experimentaron en ese momento tan terrible oleada de terror que huyeron despavoridos.
Santa Clara estuvo enferma 27 años en el convento de San Damian, soportando todos los sufrimientos de su enfermedad con paciencia heroica. En su lecho bordaba, hacía costuras y oraba sin cesar. El Sumo Pontífice la visitó dos veces y exclamó "Ojalá yo tuviera tan poquita necesidad de ser perdonado como la que tiene esta santa monjita".
En sus largas noches de sufrimientos solía rezar “el cántico del sol” entonado por San Francisco, enfermo medio ciego y atormentado por múltiples congojas. A ejemplo de su padre espiritual, ella se refugió en las heridas del Salvador y su alma permaneció tranquila hasta la hora de su muerte.
El 10 de agosto del año 1253, a los 60 años de edad y 41 años de ser religiosa, y dos días después de que su regla sea aprobada por el Papa, se fue al cielo a recibir su premio. En sus manos, estaba la regla bendita, por la que ella dio su vida.
Los santos nos revelan nuestros caminos torcidos y nos enseñan como rectificarlos. En la Basílica de Santa Clara encontramos su cuerpo incorrupto.



Gloriosísima virgen

y dignísima madre santa Clara de Asís,
espejo clarísimo de santidad y pureza,
base firme de la más viva fe,
llamarada de perfecta claridad
y erario riquísimo de todas las virtudes.

Por todos estos favores con que
el Divino Esposo os colmó,
y por la especial prerrogativa
de haber hecho a vuestra alma
trono de su infinita grandeza,
alcánzanos de tu inmensa piedad,
que limpie nuestras almas
de las manchas y de las culpas,
y, destituidas de todo efecto terreno,
sean templo digno de su morada.

También te suplicamos por la paz
y tranquilidad de la Iglesia,
para que se conserve siempre en la unidad de fe,
de la santidad y de las costumbres,
que la hacen incontrastable
a los esfuerzos de sus enemigos.

Y si fuese para mayor gloria de Dios
y bien espiritual mío
concededme, os ruego 
cuanto pido en esta oración,
y el favor especial que tanto necesito:

(hacer la petición).

Apiadaros de mi y conseguidme
rápida y favorable solución
a esta urgente y apremiante solicitud,
que agobia y entristece mi corazón. 

Vos, como Madre y protectora,
no me abandonéis en este difícil trance,
presentad mis deseos ante el Trono de Dios,
pues yo confío en la bondad infinita,
que por vuestros méritos alcanzaré,
para mayor honra y gloria
de Nuestro Señor,
que vive y reina por los siglos de los siglos,

Amén.

Rezar, con gran confianza y fe en la intercesión
de santa Clara de Asís,
tres Padrenuestros, tres Avemarías y tres Glorias.



Fuente: inmaculadamadre-salta.org / aciprensa.com 

jueves, 24 de mayo de 2018

MARIA AUXILIADORA - 24 de Mayo


MARIA AUXILIADORA


Advocación Mariana.
Su día: 24 de Mayo
Patrona: De todos los cristianos, en la antigüedad se estilaba llamar a la virgen auxiliadora porque es  "La que trae auxilios venidos del cielo". Es auxiliadora de los enfermos y de las personas que sufren.



Aquí algunos datos que quizás no conocías sobre María Auxiliadora:

1. María era llamada “Auxiliadora” por los primeros cristianos
Los primeros cristianos en Grecia, Egipto, Antioquía, Efeso, Alejandría y Atenas acostumbraban llamar a la Santísima Virgen con el nombre de “Auxiliadora”, que en griego es “Boetéia” y significa “La que trae auxilios venidos del cielo”.
El primer Padre de la Iglesia que llamó a la Virgen María con el título de “Auxiliadora” fue San Juan Crisóstomo en al año 345, en Constantinopla. El Santo dijo: “Tú, María, eres auxilio potentísimo de Dios”. También la reconocieron con este nombre Proclo en el 476 y Sebas de Cesarea en el 532.
2. María Auxiliadora intercedió en las batallas de Lepanto y Viena
En el año 1572, el Papa San Pío V, después de la victoria del ejército cristiano sobre los turcos musulmanes en la batalla de Lepanto, ordenó celebrar el 7 de octubre la fiesta del Santo Rosario, y que en las letanías se invocara a “María Auxilio de los cristianos”. Ese año Nuestra Señora libró prodigiosamente a toda la cristiandad que se libró de ser destruida por un ejército mahometano de 282 barcos y 88.000 soldados.
En 1683 los turcos atacaron Viena durante el Pontificado de Inocencio XI. Bajo el mando del rey de Polonia, Juan Sobieski, con un ejército inferior de fuerzas venció al ejército turco confiando en la ayuda de María Auxiliadora. Al poco tiempo fundaron la asociación de María Auxiliadora, la cual existe hoy en más de 60 países.
3. La fiesta nació en tiempos de la Revolución Francesa
La historia del establecimiento de la fiesta de María Auxiliadora se remonta a los años que siguieron a la Revolución Francesa, la cual había propinado un duro golpe a la Iglesia.
El Papa Pío VII fue apresado en el Palacio de Fontainebleau por el emperador francés Napoleón Bonaparte y dedicó sus oraciones a María Santísima “Auxilio de los Cristianos” para que protegiese a la Iglesia.
Los ruegos del Papa fueron escuchados y en 1814 Napoleón firmó su abdicación. En 1815, cuando la Iglesia había recuperado su posición y poder espiritual, el Papa instituyó la fiesta de María Auxiliadora en el día 24 de mayo para perpetuar el recuerdo de su regreso a Roma tras su cautiverio en Francia.
4. La fiesta de María Auxiliadora se celebraba en Ucrania desde el siglo XI
El nombre de “Auxiliadora” le fue dado a la Virgen María en Ucrania desde el año 1030 por haber liberado a aquella región de la invasión de tribus paganas. Desde entonces en ese país la Iglesia Ortodoxa celebra la fiesta de María Auxiliadora cada 1 de octubre.
5. María Auxiliadora se apareció ante San Juan Bosco
San Juan Bosco fue un gran propagador del amor a esta advocación mariana porque la misma Virgen María se le apareció en 1860 para señalarle el lugar en Turín (Italia) donde debía ser construido un templo en su honor. Asimismo, pidió ser honrada bajo el título de “Auxiliadora”.
En 1863 San Juan Bosco inició la construcción de la iglesia con unos cuantos centavos, pero con la intercesión de María Santísima, el 9 de junio de 1868, solo 5 años después, tuvo lugar la consagración del templo.
El Santo solía decir: “Cada ladrillo de este templo corresponde a un milagro de la Santísima Virgen”, desde aquel Santuario comienza a extenderse por el mundo la devoción a María bajo el título de Auxiliadora de los Cristianos.
6. Tres Papas fueron devotos de María Auxiliadora
El Papa San Juan XXIII cultivó una especial devoción a la Auxiliadora, cuya imagen tomada de un número del Boletín Salesiano, colgaba en la pared cerca de su cama. La proclamó Patrona del Concilio con los títulos de Auxilium Christianorum, Auxilium Episcoporum, y el 28 de mayo de 1963, ya gravemente enfermo, bendijo con profunda emoción las dos coronas destinadas al cuadro de la Auxiliadora en la Basílica del Sagrado Corazón de Roma.
Por su parte, San Juan Pablo II solía acudir a la iglesia de San Estanislao de Kostka de los Salesianos, en Cracovia, entre los años 1938 y 1944, y a menudo oraba en la capilla de María Auxiliadora. En esta iglesia, el 3 de noviembre de 1946, celebró una de sus primeras misas como sacerdote.
El Papa Francisco, durante su visita apostólica a Turín en 2015 por los 200 años del nacimiento del fundador de los salesianos, San Juan Bosco, contó que durante su infancia fue educado en un colegio salesiano y aprendió a amar a María Auxiliadora:
“Yo allí (en un colegio salesiano) aprendí a amar a la Virgen, los salesianos me formaron en la belleza, en el trabajo, y esto creo que es un carisma suyo, me formaron en la afectividad y esto era una característica de Don Bosco”, aseguró.


ORACIÓN DE SÚPLICA
Santísima Virgen, Madre de Dios, yo aunque indigno pecador postrado a vuestros pies en presencia de Dios omnipotente os ofrezco este mi corazón con todos sus afectos. A vos lo consagro y quiero que sea siempre vuestro y de vuestro hijo Jesús.

Aceptad esta humilde oferta vos que siempre habéis sido la auxiliadora del pueblo cristiano.

Oh María, refugio de los atribulados, consuelo de los afligidos, ten compasión de la pena que tanto me aflige, del apuro extremo en que me encuentro.

Reina de los cielos, en vuestras manos pongo mi causa. Se bien que en los casos desesperados se muestra más potente vuestra misericordia y nada puede resistir a vuestro poder. Alcanzadme Madre mía la gracia que os pido si es del agrado de mi Dios y Señor. Amén.

__________

 

NOVENA DE MARÍA AUXILIADORA(Propagada por San Juan Bosco)


 

1. Rezad durante nueve días seguidos tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias con la jaculatoria "Sea alabado en todo momento el Santísimo Sacramento", y tres salves con la jaculatoria "María Auxiliadora de los cristianos, ruega por nosotros".

El cristiano ora al Señor y también a la que es su Auxiliadora
2. Recibid los Sacramentos de la Reconciliación y de la Eucaristía.

El cristiano vive unido a Cristo, a la Auxiliadora de los cristianos y a la Iglesia por los Sacramentos.
3. Os recomiendo que prometáis vuestro donativo o vuestro trabajo personal para sostener obras de apostolado, preferentemente salesianas.

El cristiano, siente que la Auxiliadora le anima a ser apóstol y a sostener las obras de apostolado de la Iglesia de Cristo.

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ORACIÓN DE CONSAGRACIÓN
¡Oh Santísima e Inmaculada Virgen María, tiernísima Madre nuestra y poderoso Auxilio de los Cristianos! Nosotros nos consagramos enteramente a tu dulce amor y a tu santo servicio.

Te consagramos la mente con sus pensamientos, el corazón con sus afectos, el cuerpo con sus sentidos y con todas sus fuerzas, y prometemos obrar siempre para la mayor gloria de Dios y la salvación de las almas.

Tú, pues, ¡oh Virgen incomparable! que fuiste siempre Auxilio del Pueblo Cristiano, continúa, por piedad, siéndolo especialmente en estos días. Humilla a los enemigos de nuestra religión y frustra sus perversas intenciones. Ilumina y fortifica a los obispos y sacerdotes y tenlos siempre unidos y obedientes al Papa, maestro infalible; preserva de la irreligión y del vicio a la incauta juventud; promueve las vocaciones y aumenta el número de los ministros, a fin de que, por medio de ellos, el reino de Jesucristo se conserve entre nosotros y se extienda hasta los últimos confines de la tierra.

Te suplicamos ¡oh dulcísima Madre! que no apartes nunca tu piadosa mirada de la incauta juventud expuesta a tantos peligros, de los pobres pecadores y moribundos y de las almas del Purgatorio: sé para todos ¡oh María! dulce Esperanza, Madre de Misericordia y Puerta del Cielo.

Te suplicamos, gran Madre de Dios, que nos enseñes a imitar tus virtudes, particularmente la angelical modestia, la humildad profunda y la ardiente caridad, a fin de que, por cuanto es posible, con tu presencia, con nuestras palabras y con nuestro ejemplo, representemos, en medio del mundo, a tu Hijo, Jesús, logremos que te conozcan y amen y podamos, llegar a salvar muchas almas.

Haz, ¡oh María Auxiliadora! que todos permanezcamos reunidos bajo tu maternal manto; haz que en las tentaciones te invoquemos con toda confianza; y en fin, el pensamiento de que eres tan buena, tan amable y tan amada, el recuerdo del amor que tienes a tus devotos, nos aliente de tal modo, que salgamos victoriosos contra el enemigo de nuestra alma, en la vida y en la muerte, para que podamos formarte una corona en el Paraíso. Así sea
__________
OFRECIMIENTO
Enséñame, oh María Auxiliadora, a ser dulce y bueno en todos los acontecimientos de mi vida; en los desengaños, en el descuido de otros, en la falta de sinceridad de aquellos en quienes creí, en la deslealtad de aquellos en quienes confié.

Ayúdame a olvidarme de mí mismo para pensar en la felicidad de otros; a ocultar mis pequeños sufrimientos de tal modo que sea yo el único que los padezca.

Enséñame a sacar provecho de ellos, a usarlos de tal modo que me suavicen, no me endurezcan ni me amarguen; que me hagan paciente y no irritable; que me hagan amplio en mi clemencia y no estrecho y despótico. Que nadie sea menos bueno, menos sincero, menos amable, menos noble, menos santo por haber sido mi compañero de viaje en el camino hacia la vida eterna. Amén.

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NOVENA DE CONFIANZA
Madre amable de mi vida auxilio de los cristianos, la pena que me atormenta, pongo en tus divinas manos. Dios te salve María...

Tú que sabes mis congojas, pues todas te las confío, da la paz a los turbados y alivia el corazón mío. Dios te salve María...
Y aunque tu amor no merezco, no recurriré a Ti en vano, pues eres madre de Dios y auxilio de los cristianos. Dios te salve María...

Acuérdate, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección haya sido abandonado; animado con esta confianza, me presento a ti. ¡Oh Madre de Dios!, no desoigas mis súplicas; escuchalas y acógelas benignamente, ¡oh clemente, oh dulce Virgen María! (Pedir la gracia que se desea y rezar una Salve).

Fuente: Devocionario.com / Churchpop.com

martes, 8 de mayo de 2018

NUESTRA SEÑORA DE LUJAN - 8 de Mayo


NUESTRA SEÑORA DE LUJÁN

Advocación Mariana

Su día: 8 de Mayo

Patrona: de Argentina

Un hacendado portugués, Antonio Farías de Sá, vecino de la ciudad de Córdoba del Tucumán, encargó a un paisano suyo, residente en Pernambuco (Brasil), una imagen de la Virgen María en la advocación del misterio de la Purísima Concepción para ser expuesta a la veneración en la capilla que estaba construyendo en su estancia del pago de Sumampa (Santiago del Estero). Desde Brasil se le envió la imagen pedida y otra más de la Maternidad de la Virgen, acondicionadas separadamente en dos cajones, que desde el puerto de Pernambuco fueron transportadas a Buenos Aires en el navío del capitán Andrea Juan, el cual arribó a destino por el mes de marzo de 1630.
En el camino real a Córdoba, allá por principios del mes de mayo, cuando la tropa de carretas se encontraba a orillas del Río Luján, en un paraje denominado del “Árbol sólo”, la imagen que representaba la Inmaculada Concepción determinó quedarse milagrosamente en aquel lugar para amparo y veneración de los pobladores de la zona. Convirtiéndose con el paso de los años en Patrona del antiguo Virreinato del Río de la Plata; y luego de las repúblicas hermanas de Argentina, Uruguay y Paraguay.

   Los bueyes de la carreta que transportaba las imágenes en un momento no pudieron siquiera moverse. Descargado una de los cajones continuaba sucediendo lo mismo. Pero al hacerlo con el que contenía la Inmaculada Concepción, la carreta rodó sin dificultad alguna. Lo mismo sucedió cuando colocaron arriba el otro cajón con la Maternidad, por lo que continuaron el viaje con ella sola hasta su destino final, los pagos de Sumampa. Este es precisamente el origen del Santuario de Ntra. Sra. de la Consolación de Sumampa, en la provincia de Santiago del Estero, compañera de viaje de la Inmaculada Concepción de Luján.

    El primer sentimiento que embargó el corazón de los troperos y demás personas presentes fue el asombro; y después de las consabidas demostraciones de devoción y respeto, entendiendo que aquella imagen de la Purísima Concepción deseaba quedarse en ese preciso lugar, resolvieron trasladar a la casa de la estancia de la familia Rosendo. Se trataba de la población más próxima a la vera del camino real, llamada también entonces, por su ocupante actual, de Bernabé González Filiano. Allí la depositaron, en el mejor lugar de la vivienda, y le improvisaron un precario altar, donde comenzó a ser venerada la Santa Imagen.


ORACIÓN A NUESTRA SEÑORA DE LUJÁN

“Virgen de Luján, Madre de los pobres y de los humildes, de los que sufren y esperan”.


Madre buena que serenas nuestros corazones y nos hablas de tu Hijo en el corazón. Hoy nos ponemos en tu presencia, recordando las palabras de Jesús que dicen: “He aquí tu Madre”; y así te sentimos, María como nuestra Madre y nuestra Señora. Sólo te pedimos que nos mires y nos escuches.

Tenemos muchas cosas que decirte, muchas penas que contarte, muchas gracias que pedirte. Por nosotros, por nuestras familias, por nuestros países, por nuestra Iglesia.

Somos jóvenes y adultos, hombres y mujeres que desean vivir en este mundo con el corazón puesto en Dios, como Tu Hijo nos pide. Aprovechando el tiempo que nos ha sido dado, queremos vivir con fidelidad serena, fuerte y humilde. Tenemos dentro nuestro la señal de  fuego del Espíritu Santo y somos enviados para anunciar a todos la Buena Noticia del Reino: el amor del Padre.

Advertimos los desafíos que este mundo nos presenta. Y ponemos en tu corazón nuestras angustias, nuestra esperanza, nuestros dolores y nuestras alegrías.

Danos un gran espíritu contemplativo para comprender la pobreza de los hombres y el dolor de los pueblos, una gran disponibilidad a acoger la Palabra de Dios y a llevarla a la práctica, una serena fortaleza para abrazar la Cruz y una capacidad llena de alegría en el empeño al servicio de nuestros hermanos.

Queremos amar intensamente a la Iglesia y vivir en comunión profunda con nuestros Pastores. Que seamos orantes y misioneros. Que sepamos acoger la Palabra de Dios y contemplarla, llevarla a la práctica y comunicarla con el fuego del Espíritu.

Danos la fuerza para que no tengamos miedo de la Cruz ni del martirio. Qué sólo vivamos con la alegría de la santidad. Y danos la gracia de tener un corazón puro para hacer a un lado nuestros propios deseos y solo decir como lo hiciste tú: Hágase en mi según tu palabra!


Amen!
Tomado de: Juan Guillermo Durán, ‘De la frontera a la Villa de Luján. Los comienzos de la gran Basílica. Jorge María Salvaire, CM (1890-1899)’.

Oraciones: Santavirgenmaria.com 






vena de la Virgen

jueves, 19 de abril de 2018

SAN EXPEDITO - 19 de Abril


SAN EXPEDITO

Su día: 19 de Abril.

Se dedicó a luchar por la vida de los mártires que eran devorados por los leones del circo romano. Es por esto que se lo conoce como el santo de las causas justas y urgentes.

Patrono: de las causas imposibles, protector de los militares, los estudiantes, los jóvenes y los viajeros.

Oración a San Expedito

¡Glorioso San Expedito!, Que intercedes por las causas justas y urgentes, ayúdanos en este momento de aflicción.

Intercede por mi pedido ante nuestro Señor Jesucristo. Tú, que eres el santo de la fidelidad y el coraje. Atiende mi pedido ...(nuestra necesidad)......, escúchame y protégeme de todo mal. 

Te pido por mi familia y devuélvenos la paz. Haz que me una cada día más a Jesús y a María su Madre para que convierta mi corazón y llegue a gozar un día de su presencia, amén. 

San Expedito, ruega por nosotros.

Rezar: Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

(Con licencia eclesiástica)




miércoles, 28 de marzo de 2018

Miércoles Santo. ¿Cuál es mi fuerza interior ante las incomprensiones que Dios permite en mi vida?


¡Cuánto dolor de Cristo al verse abandonado!
Meditaciones para toda la Cuaresma
Acompañar a Cristo en su pasión tiene que ser para nosotros un enraizarnos profunda y convencidamente en los aspectos más importantes de nuestra vida. El seguimiento de Cristo es para todos nosotros un atrevernos a clavar la cruz en nuestra existencia, conscientes de que no hay redención sin sacrificio, no hay redención si no hay ofrecimiento.

Quisiera proponerles estar con Cristo en el Pretorio antes de salir a ser crucificado, como nos narra San Juan: "Entonces Pilatos se lo entregó para que fuera crucificado". Cristo, maniatado, coronado de espinas, flagelado, sentado en un calabozo esperando como tantos otros presos, como tantos miles de prisioneros a lo largo del mundo, el momento en el cual se abra la puerta del calabozo para ir hacia el patíbulo, para ir hacia el cadalso.

Atrevámonos a contemplar a Cristo y veamos cómo, sobre su cuerpo, se ha ido escribiendo como una historia trágica todos los recorridos de su pasión. En su cuerpo están escritos, a través de las huellas, a través de las heridas, a través de los escupitajos, a través de los golpes, a través de la sangre, todos los momentos que le han acontecido. Por nuestra mente pueden pasar como un relámpago las situaciones por las que Él ha querido atravesar. Hagamos nuestra la imagen del Señor listo para ir al Calvario. ¡Cuántos dolores pasó desde el momento de su prendimiento a través de los tribunales y a través de las burlas!

Si nos atenemos simplemente a lo que nos narran los evangelios acerca de los golpes, la flagelación, la corona de espinas, y junto con eso todos los golpes físicos, humillantes y dolorosos, sabremos por qué los evangelistas resumen en una frase el tremendo suplicio de la flagelación..., ¡no hacía falta describir más!: "Pilatos tomó entonces a Jesús y lo mandó azotar". En el contexto en el que son escritos los evangelios, todos conocían perfectamente lo que significaba la flagelación. Y todo los dolores morales, las humillaciones, las vejaciones, Cristo lo tiene escrito en su cuerpo, lo tiene grabado en su carne, por mí.

A veces los dolores morales son mucho más intensos, mucho más agudos que los dolores físicos. A veces podríamos haber perdido el sentido de lo que es la carencia de todo respeto, la carencia de todo límite, de toda decencia.

¡Cuántas obscenidades, cuántas groserías, cuántas vejaciones habrá escuchado Jesús! Él, de cuya boca jamás salió palabra hiriente, tiene que escuchar toda una serie de insultos y vejaciones sobre Él, sobre su Padre, sobre su familia... ¡Y todo, por mí!

¡Cuántos dolores -en lo espiritual- al verse abandonado por los suyos! ¿Dónde está Pedro?, ¿Dónde está Juan? "Prudentemente lo seguían". ¿Dónde está Tomás, Andrés, Nathanael y Santiago? ¿Dónde están los que querían hacer llover fuego sobre la ciudad de Samaria por el simple hecho de que no recibían al Maestro?, ¿Dónde están, ahora que el Maestro no sólo no es recibido, sino que es condenado a muerte, abandonado, traicionado?

Traicionado por los suyos, mal interpretado, injuriado, calumniado. ¡Qué doloroso es ver que lo abandonan sus amigos, que es objeto de burlas soeces, que sufre golpes, malos tratos, despojos! ¡Qué heridas le causan en el alma la tristeza, el tedio, el miedo y las vejaciones!

Contemplemos la corona de espinas en la cabeza, la cara abofeteada y escupida y el cuerpo lleno de heridas. ¡Y todo, por mí! Vayamos sobre nosotros mismos y preguntémonos: ¿qué voy a hacer yo? Éste es el cuerpo de Cristo, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, ante el cual toda la Iglesia se arrodilla, y ante el cual todos los hombres han pasado por encima del respeto humano y le han ofrecido sus vidas.

Y ¿qué hay en el alma de Cristo? Antes de salir a la cruz, nos podría asustar ver su cuerpo. ¿Qué sentimiento podría surgir en nosotros al ver su alma? ¿Me atrevo a bajar ahí para ver qué hay en ella? Quizá nos podría asustar el ver la soledad y el desamparo en que se debate su alma. En el alma de Cristo está profundamente arraigada la soledad y el abandono.

Apliquemos esto a nuestra vida. Cristo acaba de sufrir todos los suplicios. Cristo está sufriendo el suplicio interior de la soledad y la incomprensión. ¿Qué capacidad tengo yo de acompañar a Cristo en su soledad y en su abandono? ¿Hasta qué punto he comprendido yo a Cristo en su misión? Me podré espantar quizá de que Pedro, Juan, Andrés, Santiago, no hayan comprendido a Cristo. ¿Y yo? Si Cristo estuviese en el calabozo y viese mi alma ¿se sentiría acompañado, se sentiría comprendido?

De cara a mi alma, ¿cuál es mi fuerza interior ante las incomprensiones que Dios permite en mi vida, por parte, incluso, de los más cercanos?

Debemos ser para los demás testigos de que la soledad del alma es redentora, de que la soledad del alma tiene una capacidad de fecundidad que, quizá muchas veces, nosotros no somos capaces de valorar porque no la hacemos tesoro junto a Cristo. Contemplemos a este Señor nuestro que tanto ha sufrido por nosotros, para aprender también que nosotros podemos sufrir por Él.
Por: P. Cipriano Sánchez LC | Fuente: Catholic.net