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miércoles, 21 de marzo de 2018

Beato Mateo Flathers - 21 de Marzo


Mateo Flathers, Beato

Sacerdote y Mártir, 21 de marzo


Sacerdote y Mártir

Martirologio Romano: En York, Inglaterra, beato Mateo Flathers, presbítero y mártir, que, habiendo sido alumno del Colegio de los Ingleses de Douai, en tiempo del rey Jacobo I fue descuartizado vivo por su fidelidad a Cristo († 1607).
Fecha de beatificación: 22 de noviembre de 1987, por el Papa San Juan Pablo II.
Breve Biografía
Nacido probablemente alrededor del año 1580 en Weston, Yorkshire, Inglaterra. Su formación sacerdotal la recibió en Douai, y fue ordenado en Arras el 25 de marzo de 1606.
Tres meses después fue enviado como misionero a Inglaterra, pero fue descubierto casi de inmediato por los emisarios del gobierno, que, después de la "Conspiración de la Pólvora", habían redoblado su vigilancia en la caza de los sacerdotes de la proscrita religión.
Fue llevado a juicio, bajo el estatuto de 27 dictado por la Reina Isabel, el cargo de recibir ordenes desde el extranjero, y fue condenado a muerte. En un inusual acto de clemencia, esta sentencia fue conmutada por el destierro de por vida; pero después de un breve exilio, el intrépido sacerdote regresó a Inglaterra con el fin de cumplir su misión, y, después de haber ministrando por un corto tiempo a sus correligionarios oprimidos en Yorkshire fue detenido de nuevo. Traído a juicio en York bajo la acusación de ser ordenado en el extranjero y ejercer funciones sacerdotales en Inglaterra, a Flathers le ofrecieron perdonarle su vida a condición de que realizara el recientemente promulgado Juramento a la Bandera, oferta que él rechazó, por lo que fue condenado a muerte y llevado al lugar en que normalmente se realizaban las ejecuciones, en las afueras de Micklegate Bar, York.
El castigo habitual de ahorcamiento, arrastre y descuartizamiento parece que fue llevado a cabo de una manera curiosamente brutal, y testigos oculares relatan cómo el trágico espectáculo provocó la compasión de los protestantes que habían asistido a ver este "espectáculo".
Por: . | Fuente: newadvent.org / Catholic Encyclopedia 

martes, 17 de marzo de 2015

17 de Marzo, Beato Juan Nepomuceno Zegrí y Moreno, Presbítero y Fundador


Juan Nepomuceno Zegrí y Moreno, Beato

Presbítero y Fundador
de la Congregación de las Hermanas de la Caridad
de la Santísima Virgen María de la Merced

Martirologio Romano: En la ciudad de Málaga, en España, beato Juan Nepomuceno Zegri y Moreno, presbítero, que consagró su vida en el ministerio al servicio de la Iglesia y de las almas, y, para procurar mejor la gloria de Dios Padre en Cristo, fundó la Congregación de las Hermanas de la Caridad de la Santísima Virgen María de la Merced (1905). 


Etimológicamente: Juan = Dios es misericordia, es de origen hebreo.


Juan Nepomuceno Zegrí y Moreno, fundador de la Congregación religiosa de las Hermanas Mercedarias de la Caridad, nació en Granada, el 11 de octubre de 1831, en el seno de una familia cristiana. Sus padres, don Antonio Zegrí Martín y doña Josefa Moreno Escudero, le dieron una esmerada y cuidada educación. Forjaron su rica personalidad en los valores humano‑evangélicos, haciendo de él un verdadero cristiano, comprometido con la causa de Jesucristo y de los pobres, desde su juventud. Fue un excelente estudiante y una gran persona. Cursó estudios de humanidades y de jurisprudencia, destacando por su inteligencia, pero, sobre todo, por su gran humanidad y por una intensa vida cristiana: dedicado a la oración y a la caridad con los pobres. 


Dios Padre, que llama a los que quiere para realizar sus grandes obras, le llamó a participar del sacerdocio de Jesucristo para servir a los seres humanos el Evangelio de la caridad redentora. Cursó sus estudios en el Seminario de San Dionisio de Granada, siendo ordenado sacerdote en la catedral de Granada el día 2 de junio de 1855. Ser sacerdote de Jesucristo fue su gran vocación, de tal manera que estaba dispuesto a los mayores sacrificios, con tal de realizar este sueño, alimentado desde su temprana juventud.

Como sacerdote estuvo en las parroquias de Huétor Santillán y de San Gabriel de Loja (Granada). En ambas parroquias desarrolló su vocación de pastor, a ejemplo del Buen Pastor, que da la vida por sus ovejas. Cuando tomó posesión de una de estas parroquias, dijo lo que quería ser para los demás desde la vocación que había recibido: como buen pastor, correr tras las ovejas descarriadas; como médico, curar los corazones enfermos a causa de la culpa y derramar sobre todos la esperanza; como padre, ser la providencia visible para todos aquellos que, gimiendo en la orfandad, beben el cáliz de la amargura y se alimentan con el pan de la tribulación. Su vida sacerdotal estuvo presidida por una profunda experiencia de Dios; un profundo amor a Jesucristo Redentor, con quien se configuró, aprendiendo desde el sufrimiento la obediencia; un gran amor a María, su sin igual Madre y protectora; una vida intensa de oración, fuente de caridad; una pasión grande por el Reino en sus pobres, y un intenso amor a la Iglesia, viviendo la comunión con ella, a pesar de la oscuridad de la fe y de los sufrimientos que le llegaron desde el seno de la misma Iglesia.

Fue un evangelizador infatigable. Le gustaba orar, reflexionar y escribir sus sermones. No decía lo que no oraba, y proclamaba lo que estaba en el centro de su corazón, inflamado por el amor de Dios. Anunciaba lo que creía. Su palabra invitaba a todos a vivir la vida cristiana con radicalidad y los sagrados vínculos de la religión cristiana. Toda su vida fue Eucaristía, pan partido para ser comido; celebración del amor de Dios en la entrega de su propia existencia. Y fue, también, reconciliación. Celebró el sacramento del perdón haciéndose perdón, misericordia y compasión para todos, especialmente para sus enemigos y para aquellos que le calumniaron.

Ostentó cargos importantes, pero él vivió la maravillosa humildad de Dios, revelada en el himno de la carta a los Filipenses 2,5. Fue examinador sinodal en las diócesis de Granada, Jaén y Orihuela; juez sinodal y secretario en oposiciones a curatos en la diócesis de Málaga; Canónigo de la catedral de Málaga y visitador de religiosas. También fue formador de seminaristas, predicador de su Majestad la Reina, Isabel II, y capellán real. 

Impactado por los problemas sociales y por las necesidades de los más desfavorecidos, se sintió llamado a fundar una Congregación religiosa para liberar a los seres humanos de sus esclavitudes. La funda bajo la protección e inspiración de María de la Merced, la peregrina humilde de la gratuidad de Dios, en Málaga, el 16 de marzo de 1878. El fin: Practicar todas las obras de misericordia espirituales y corporales en la persona de los pobres, pidiendo a las religiosas que todo cuanto hicieran fuera en bien de la humanidad, en Dios, por Dios y para Dios.

La Congregación, en pocos años, se extiende por muchas diócesis españolas bajo la exigencia de la dinamicidad de su inspiración carismática: Curar todas las llagas, remediar todos los males, calmar todos los pesares, desterrar todas las necesidades, enjugar todas las lágrimas, no dejar, si posible fuera en todo el mundo, un solo ser abandonado, afligido, desamparado, sin educación religiosa y sin recursos. 

El P. Zegrí, inflamado en el amor de Dios, llegó a decir que la caridad es la única respuesta a todos los problemas sociales y que no concluirá mientras haya un solo dolor que curar, una sola desgracia que consolar, una sola esperanza que derramar en los corazones ulcerados; mientras haya regiones lejanas que evangelizar, sudores que verter y sangre que derramar para fecundar las almas y engendrar la verdad en la tierra.

Probado como oro en el crisol, y enterrado en el surco de la tierra, como el grano de trigo, pues fue calumniado y apartado de la obra por él fundada, primero por la Iglesia, y después, por las mismas religiosas, muere un 17 de marzo de 1905 en la ciudad de Málaga, solo y abandonado, como él había decidido morir; a ejemplo del Crucificado, fijos los ojos en el autor y consumador de nuestra fe. Muere como fiel hijo de la Iglesia, y bajo el signo de la obediencia de la fe, como los grandes testigos y los grandes creyentes.

Elaboró una rica espiritualidad en la que hoy bebemos las religiosas, los mercedarios de la caridad y tantos laicos que, impactados por su vida, por la caridad que derramó en los pobres y por la forma en que decidió morir, quieren hacer camino de vida cristiana desde su inspiración carismática. Los ejes fundamentales de la misma son:

— la caridad redentora, para hacer beneficios a la humanidad y servir a los pobres el Evangelio del amor y de la ternura de Dios, pues la caridad, que es Dios, se manifiesta enjugando lágrimas, socorriendo infortunios, haciendo bien a todos y dejando a su paso torrentes de luz

— el amor y la configuración con Jesucristo Redentor, en su misterio pascual, pues el rasgo de amor místico que casi identifica con Jesucristo el corazón del hombre, desprendido de toda recompensa, es el sublime ideal de la caridad

— el amor a María de la Merced, pues Ntra. Sra. de las Mercedes es de todos y para todos, ya que no hay título más dulce, invocación más suave, nomenclatura más amplia que la merced y misericordia de María.

Vivió e hizo suyas todas las virtudes cristianas de manera heroica, sobre todo la fe, la esperanza y la caridad, y todas aquellas virtudes humanas que dan elegancia a la caridad y la hacen entrañable en las relaciones: humildad, afabilidad, dulzura, ternura, misericordia, bondad, mansedumbre, paciencia, generosidad, gratuidad y benevolencia. También se distinguió por su prudencia, por su fortaleza en el sufrimiento, por su transparencia en la búsqueda de la verdad y por el sentido de la justicia que tuvieron todos sus actos y decisiones. La Iglesia reconoció sus virtudes heroicas proclamándolo Venerable el día 21 de diciembre del año 2001. 

Dios Padre, por su intercesión, realizó un milagro, en la persona de Juan de la Cruz Arce, en la ciudad de Mendoza, Argentina, que la Iglesia ha considerado de segundo grado, restituyéndole el páncreas, que se le había extirpado totalmente en una intervención quirúrgica. 

Su vida es un desafío para todos los que seguimos su espiritualidad, no tanto por lo que hizo, sino porque supo amar a la manera de Dios, sirviendo el Evangelio de la caridad a los más necesitados. Él nos reveló que la ternura y la misericordia de Dios se hacen realidad en el corazón de los seres humanos por el misterio de la redención del Hijo y haciendo camino con Él. El P. Zegrí hizo camino de discipulado entregándose total y exclusivamente a Jesucristo crucificado, como podemos leer en su testamento espiritual, viviendo sus mismas actitudes y sentimientos, ofreciéndose totalmente a Él para bien de la humanidad; perdonando a quienes le calumniaron, no teniendo en cuenta el mal y creando lazos de comunión, de encuentro y de relación; construyendo humanidad nueva en aras de la caridad más exquisita y amando a María, la mujer nueva, que sostuvo su existencia en la fe y su fe anclada en el misterio de Dios.

Su beatificación, (realizada el 9 de noviembre de 2003), nos introduce a todos en la merced de Dios, en ese espacio de gratuidad en la que el Señor es jaris permanente, gracia liberada y redención de todo lo que oprime a los hombres y mujeres de hoy. A este testigo de la caridad de Dios nos encomendamos para que el Espíritu Santo transforme nuestra vida en fuego de amor, de tal manera que en nuestro camino de discipulado, y cargando sobre nuestros hombros los dolores de la humanidad, nos asemejemos a un astro que ilumina sin quemar, a una ráfaga que purifica sin destruir, a un arroyo que fecunda sin inundar.


Por: . | Fuente: Vatican.va 

domingo, 12 de octubre de 2014

12 de Octubre - Mateo Elias Del Socorro Nieves del Castillo


BEATO MATEO ELIAS DEL SOCORRO NIEVES DEL CASTILLO

Nombre: Mateo Elías Del Socorro Nieves Del Castillo
Nacimiento: 21 de Septiembre de 1882 (Isla de San Pedro, Yuriria, Guanajuato, México)
Fallecimiento: 10 de Marzo de 1928 (45 años)

Al Padre Elías le resultó muy difícil alcanzar la meta del sacerdocio. La enfermedad, la pérdida de los padres, las responsabilidades familiares y la pobreza, habían levantado un muro insalvable entre su deseo de ser sacerdote, largamente acariciado desde la infancia, y la realidad de su vida.

Su infancia y juventud fueron difíciles. Principalmente por la pérdida de los padres y de otras personas que, caritativamente, se habían interesado por él. No tuvo oportunidad de estudiar ni de seguir su vehemente deseo de ingresar en la Orden Agustiniana. Maduró su vocación religiosa en una intensa vida cristiana, vivida en su parroquia, donde fue un joven comprometido con la acción pastoral.

Sólo muy tardíamente pudo incorporarse al seminario agustino. Cuando comenzó los estudios secundarios era un joven que había madurado humanamente por los muchos sufrimientos padecidos, y espiritualmente por su intensa vida cristiana. Asumió, con humildad, compartir aula y régimen de seminario con compañeros adolescentes.Pero, una vez ordenado sacerdote, la entrega a su ministerio fue incondicional. Arriesgó y perdió su vida por las ovejas, alcanzándola para la vida eterna. Como mártir, fue un cualificado testigo de la fe y la caridad (Lumen Gentium, 50).

Mateo Elías Nieves del Castillo fue frágil de salud desde su nacimiento, teniendo que ser bautizado de urgencia, por el peligro que corría su vida. Después padecería tuberculosis y una ceguera temporal que le dejó como secuela cierta debilidad visual.


Tenía 28 años de edad cuando realizó su primera profesión. En ese momento tan importante de su vida se puso en manos de María, añadiendo a su nombre de bautismo el título agustiniano del Socorro.

Fue ordenado sacerdote el 9 de abril de 1916, a los 33 años de edad. Eran tiempos políticamente borrascosos. Sabía que le esperaba un ministerio difícil, pero le urgía el amor a su gente. "¡Sálvalos, Señor, que perecen!", decía con frecuencia.

Después de ejercer el ministerio sacerdotal en Yuriria, Guanajuato, Aguascalientes, Maravatío y Pinícuaro, Michoacán, donde dejó buenos recuerdos, fue asignado a la comunidad de la Cañada de Caracheo, Mich.

Ejerció su ministerio en medio de gentes sencillas, entregándose a ellas con alegría y dedicación. La escuela de la pobreza hizo de él un hombre que supo vivir con sobriedad. No eran momentos para empeñarse en grandes obras. El Padre Elías del Socorro fue grande en la fidelidad a lo sencillo.

Aún así se preocupó del bienestar de su gente, ayudándoles en sus necesidades y dedicando también gran esfuerzo a concluir, en poco tiempo, la construcción de la Iglesia de La Cañada de Caracheo. El llamado "reloj del Padre Nieves", con el que ornamentó la torre al concluir su construcción, perpetúa todavía, en el continuo desgranar de las horas, la memoria de este fiel vicario fijo.

Fue muy amigo de los pobres a los que socorría en sus necesidades; celebraba con fervor la misa y era muy devoto de la Santísima Virgen.


Estas palabras del Padre Nieves expresan con realismo una visión clarividente sobre la situación que le tocaba afrontar y su firme decisión, desde la fe, de abrazar la cruz de Cristo, manteniéndose fiel a su ministerio. A pesar del peligro, quiso permanecer con su grey durante el tiempo de la persecución, recordando el ejemplo de Agustín:

"Yo, a la vez que os alimento, me alimento con vosotros; concédame el Señor fuerzas para amaros hasta morir por vosotros, ya en la realidad, ya en la disponibilidad"
(Serm. 296,5)

El Padre Nieves no quiso acatar la orden del gobierno de concentrarse en la capital, porque eso significaba abandonar su grey y no estaba dispuesto a alejarse de ellos en horas de dificultad. Quería quedarse "a pesar de todo". Por eso vivió 14 meses refugiado en una cueva, protegido por la caritativa complicidad de sus fieles, que acudían a la gruta a orar, asistir a la Eucaristía y recibir los Sacramentos.


Esta clandestinidad forzada, finalizó la mañana en que se tropezó con un destacamento de soldados, a los que llamó la atención que bajo el vestido blanco de campesino se entreviera el oscuro que empleaba en su ministerio pastoral nocturno. Interrogado, declaró su condición de sacerdote, siendo arrestado inmediatamente junto con un par de rancheros que se ofrecieron a acompañarlo. Al amanecer del 10 de marzo de 1928 militares y prisioneros se pusieron en camino en dirección al pequeño centro urbano de Cortazar. En el primer alto el capitán al frente del destacamento dio la orden de pasar por las armas a los dos acompañantes del Padre. Las actas del proceso ilustran las peripecias de su prendimiento y muerte, así como el conmovedor acompañamiento de dos de sus fieles que, dejados en libertad por el pelotón asesino, no quisieron abandonar a su pastor. A pesar de su insistente ruego para que se fueran, prefirieron correr la misma suerte del sacerdote agustino. Sus nombres merecen una palabra de recuerdo porque abrazaron, al lado del Padre Nieves, la palma del martirio: son los laicos José Dolores y José de Jesús Sierra, quienes después de confesarse murieron victoreando a Cristo Rey. 

En la siguiente parada, ya próximos al poblado, el capitán se dirigió al Padre diciéndole: "Ahora le toca a Vd., vamos a ver si morir es como decir misa". El P. Nieves pidió unos momentos para recogerse, después oró, entregó a los soldados su gabán y pidió a los mismos que se hincaran para darles su bendición y comenzó a recitar el credo mientras estos preparaban las armas para fusilarlo. Sus últimas palabras fueron un sonoro "Viva Cristo Rey".

El Padre Nieves fue asesinado el 10 de marzo de 1928, cuando tenía 45 años de edad.  Murió bendiciendo a los soldados que se disponían a ejecutarle y regalando su perdón y sus escasos bienes a su propio verdugo. El momento de su muerte es de una extraordinaria grandeza.
Ningún testimonio tan impresionante como el del ejecutor material de su muerte, el capitán Manuel Márquez Cervantes, quien, años más tarde, manifestó: "El Padre Nieves murió como un héroe y como un santo". Conservó como recuerdo los lentes y la cobija que le había regalado el agustino antes de asesinarle. Las palabras de San Agustín se cumplieron en él con exactitud.

"Si deseas tener vida en Cristo, no tengas miedo a morir por Cristo" (In Ioh. 52,2)

Los fieles le consideraron mártir desde la fecha del fusilamiento. Su cuerpo fue trasladado a la Iglesia parroquial de Cañada de Caracheo, Guanajuato, comunidad de unos 5 mil habitantes, la mayor del municipio de Cortázar, y en donde precisamente descansan los restos del Beato Elías del Socorro Nieves, bajo el altar y donde es sede de peregrinar.


El día 12 de octubre de 1997, el Papa Juan Pablo II celebró la ceremonia de  Beatificación del Padre Elías del Socorro Nieves, en Roma.

Fuente:
http://www.oremosjuntos.com/SantoralLatino/BeatoEliasNievesCastillo.html 
http://es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=35551 




jueves, 9 de octubre de 2014

9 de Octubre - San Juan Leonardi o Leonardo


Vida de San Juan Leonardi o Leonardo

San Juan Leonardo o Leonardi pertenece, por la cronología y por su obra, al período de la reforma Católica. Nace en el año 1541 en Diécimo, pueblo cercano a Lucca, la pequeña república llamada en otro tiempo "religiosísima", y agitada ahora por la crisis protestante.
 
A la edad de doce años, sus padres, modestos industriales, le enviaron a casa del párroco de Villa Basílica, donde adquirió una cultura elemental e inició su formación religiosa. Habría sido tal vez ésta la ocasión para elegir el estado eclesiástico, pero el padre de Leonardo cambió por ahora el rumbo de su vida, mandándole a Lucca a estudiar farmacia. La profesión de "farmacéutico" o "droguero" en aquellos tiempos bordeaba los límites de la medicina y de la alquimia, de la magia y de la filosofía. En este ambiente moldeó Leonardo su recia personalidad de cristiano seglar militante, cuya característica no fue la de hechos asombrosos, aureolados de milagrosos "golpes de gracia", sino la de una progresiva ascensión hacia el ideal de santidad. Intensifica la frecuencia de sacramentos y la práctica de la mortificación, realiza el apostolado en el ambiente en que vive y se adhiere al grupo de piadosos seglares llamados "colombinos" para asegurar su perseverancia, madurando así su capacidad de entrega a una intensa vida sacerdotal que había de ser su decidida vocación.
Efectivamente, después de la muerte de su padre, a pesar de que la madre le instaba para que se instalase en Diécimo como farmacéutico, inicia sus estudios eclesiásticos. Tiene ahora veintiséis años. Aprobado el latín en las escuelas públicas de Pisa, aprende lógica y teología con el Padre dominico Paolino Bernardini, que por prescripción médica residía en una casa de Cam po perteneciente a la Orden.
El contacto directo con el maestro dominico produjo en Juan Leonardo cierta preocupación científica, que manifestó luego en los ensayos, inéditos, que escribió sobre diversos tratados teológicos. La perfección que podría faltar en su elemental plan de estudios era suplida por la madurez humana y espiritual que Leonardo había adquirido en sus treinta y dos años de vida seglar. Fue ordenado sacerdote en Pisa, el año 1572.
Instalado en Lucca como capellán de la iglesia de San Giovanni della Magione, Juan Leonardo comienza su apostolado y su obra de proselitismo, que había de cristalizar en la fundación de los Clérigos Regulares de la Madre de Dios. Característica relevante del apostolado de Juan Leonardo es la enseñanza del catecismo, que revela el espíritu eminentemente parroquial que había de diferenciar a su Institución. Juan Leonardo es "sacerdote de parroquia", atento siempre a preocuparse de las necesidades concretas e inmediatas de los fieles.
Habiendo conocido el obispo de Lucca su actividad catequística, le encargó de realizarla en otras iglesias y parroquias de Luc ca. Para sistematizar esta actividad San Juan Leonardo escribió un Manual de doctrina cristiana, que estuvo durante mucho tiem po en uso en algunas regiones de Italia. Queriendo asegurar la continuidad de este movimiento renovador de la enseñanza del catecismo, formó la Compañía de la Doctrina Cristiana, integrada por elementos seglares y que muy pronto había de extenderse a Siena, Pistoya, Nápoles y Roma. Los pontífices Gregorio XIII, Clemente VIII y Paulo V concedieron a esta Compañía especiales privilegios.
La personalidad de este sacerdote de vocación tardía comenzaba a destacarse en la Iglesia briosamente, paralela a la de los coetáneos San José de Calasanz y San Felipe Neri, a quienes estará muy unido en el andar de su vida de fundador y de apóstol.
A los dos años de actividad sacerdotal Juan Leonardo había formado un grupo de colaboradores parroquiales íntimos, a los que fue preparando para el sacerdocio y con los que inicia su fundación el año 1574.
En realidad, sus proyectos de fundador no eran ambiciosos en cuanto a la organización. La pequeña comunidad de sacerdotes surgía limitada al ámbito de la parroquia. El ideal de Juan Leonardo era hacer de sus colaboradores santos sacerdotes dedicados al ministerio parroquial.
La nueva Congregación encontró una férrea oposición por parte de las autoridades civiles de Lucca. La pequeña república, celosa de su independencia, seguía con recelo la actividad del Santo, a quien comenzó a considerar aliado de potencias extran jeras y posible colaborador de la Inquisición. Sin ninguna responsabilidad personal, Juan Leonardo fue tratado durante toda la vida como un enemigo irreconciliable de su patria.
Tal enemistad ocasionó a los noveles religiosos una precaria situación económica, hasta tal punto que el mismo fundador se vio obligado a pedir limosna.
Estas dificultades, sin embargo, no desalentaron a Juan Leonardo en sus tareas apostólicas. Intensificó en su iglesia el culto al Santísimo Sacramento con la función de las Cuarenta Horas y organizó continuamente ejercicios de reparación y penitencia. Los fieles recorrían de noche procesionalmente las calles de Lucca, visitando las iglesias principales, entonando himnos penitenciales, disciplinándose y gritando: "¡Perdón, Señor, misericordia!" El devoto espectáculo ocasionó ruidosas conversiones, no siempre coronadas con una fiel perseverancia, y que proporcionaron al celoso predicador algún fracaso apostólico
Tal fue el de la Compañía de la Paz, agrupación formada con cincuenta bandidos convertidos en masa, que a los pocos meses de existencia el Santo debió disolver, porque algunos de los conversos habían vuelto a las andadas; los que perseveraron ingresaron en los capuchinos.
Más afortunado fue con la fundación de las Monjas de los Ángeles, religiosas dedicadas a las muchachas pobres, de las cuales, no obstante, Juan Leonardo se desentendió muy pronto, por que era radicalmente opuesto a los apostolados femeninos, aun los de clausura.
A la sazón el Santo andaba preocupado con el traslado de su comunidad de clérigos a la nueva casa de Santa María Contelandini, en Lucca. Lo cual no se llevó a cabo sin graves disturbios, ocasionados por los fieles de esta parroquia, que llegaron a decir al obispo en señal de protesta: " Monseñor, ¿ qué hacéis? ¿ Habéis alejado de vos aquellos diablos y nos los habéis metido en medio de nosotros?" A pesar de todo San Juan Leonardo tomó posesión de la nueva sede. Era el año 1580. Al año siguiente la Congregación recibía la aprobación oficial del obispo de Lucca, llamándose Clérigos Regulares de la Madre de Dios.
Con razón Juan Leonardo había ya ganado también la con fianza de la Santa Sede y fue nombrado varias veces por Clemente VIII comisario apostólico con la misión de reformar algunas de las Ordenes monásticas decadentes. El Santo realizó siempre con gran celo y notable éxito esta tarea de reformador, pero la impronta de su personalidad está más grabada en aquéllas catequesis y aquélla actividad pastoral de Juan Leonardo en las iglesias de Lucca.
Con no menor intensidad se dedica ahora el Santo a solidificar su fundación. Aunque no era ideal del fundador multiplicar las nuevas casas, quiso, sin embargo, fundar una en Roma. Lo consiguió gracias al apoyo de algunos cardenales, principalmente el cardenal Baronio, que le estimó y protegió siempre con especial predilección. La nueva comunidad se instaló definitivamente, el año 1662, en Santa María in Campitelli, que aún hoy día es la Casa Generalicia de la Congregación. Durante su estancia en Roma, Juan Leonardo realizó una de las más importantes actividades de su vida: la colaboración con el cardenal español Juan Bautista Vives en la organización del Colegio de Propaganda Fide. Durante los últimos siete años de su vida el Santo se dedicó con ardor a la naciente Institución misionera, cuyo ideal él había acariciado desde hacía tiempo. Este mérito fue premiado por León XIII, que por especial privilegio le inscribió, siendo aún Beato, en el Martirologio Romano, poniendo de relieve la obra misional realizada por San Juan Leonardo.
Antes de morir Juan Leonardo tuvo la alegría de ver aprobadas en 1603 por Clemente VIII las constituciones de la nueva Congregación de Clérigos Regulares. No pudo llegar a verla florecer y brillar. Pero guardó en su corazón la alegría de una vida entregada al servicio de la Iglesia. Murió entre los suyos, en Lucca, el año 1609. Beatificado por Pío IX en 1861, fue canonizado por Pío XI en 1938. Sus restos se veneran en Santa María in Campitelli, de Roma.
San Juan Leonardo encarnó el ideal de un santo sacerdote, que no deslumbra por la magnitud de sus empresas, sino por el perseverante ejercicio de la caridad pastoral.
(Fuente: Misa Tridentina | Autor: Manuel Useros Carretero)
http://www.santopedia.com
http://www.vercalendario.info

oración:
Padre origen de la santidad, Tú has inspirado a San Juan Leonardi el reconocer a tu Hijo Jesús entre los pequeños, el servir a la Iglesia sin ahorro, y celebrar el Crucifijo Resucitado como medida de la vida consagrada. Concede a nosotros, que lo veneramos como hermano y maestro de vida espiritual, recibir por medio de su gran herencia los dones vivos del Espíritu. Amén.
San Juan Leonardi,¡ruega por nosotros!
[Fragmento de la oración por el Jubileo Leonardino del IV centenario de su muerte)