Buscar este blog

Translate / Traducir / Traduzir / Tradurre / übersetzen / 翻譯 / 翻译 / 翻訳する / tłumacz

Translate / Traducir / Traduzir / Tradurre / Traduire / 翻譯 / 翻译 / 翻訳する

Mostrando entradas con la etiqueta Santa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Santa. Mostrar todas las entradas

sábado, 24 de marzo de 2018

Santa Catalina de Suecia - 24 de Marzo



Santa Catalina de Suecia

Virgen, 24 de marzo

Martirologio Romano: En Vástena, en Suecia, santa Catalina, virgen, hija de santa Brígida, que casada contra su voluntad, con consentimiento de su cónyuge conservó la virginidad y, al enviudar, se entregó a la vida piadosa. Peregrina en Roma y en Tierra Santa, trasladó los restos de su madre a Suecia y los depositó en el monasterio de Vástena, donde ella misma tomó el hábito monástico († 1381).
Etimológicamente: Catalina = Aquella que es pura y casta, es de origen griego.
Fecha de canonización: Culto confirmado por el Papa Inocencio VIII el año 1784.
Breve Biografía

A Catalina de Suecia o de Vadstena nació alrededor del año 1331 del matrimonio formado por el príncipe Ulf Gudmarsson y Brigitta Birgesdotter; fue la cuarta de ocho hermanos. La educaron, como era frecuente en la época, al calor del monasterio; en este caso lo hicieron las monjas de Riseberga.

Contrajo matrimonio con el buen conde Egar Lyderson van Kyren con quien acordó vivir su matrimonio en castidad; ambos influyeron muy positivamente en los ambientes nobles plagados de costumbres frívolas y profanas.

Brígida, su madre, ha tenido la revelación de fundar la Orden del Santísimo Salvador que tenga como fin alabar al Señor y a la Santísima Virgen según la liturgia de la Iglesia, reparar por las ofensas que recibe de los hombres, propagar la oración contemplativa -preferentemente de la Pasión- para la salvación de las almas.

Madre e hija se encuentran juntas en Roma. Cuando Catalina tiene planes de regresar a su casa junto al esposo, Brígida comunica a su hija otra revelación sobrenatural de Dios: ha muerto su yerno. Esto va a determinar el rumbo de la vida de Catalina desde entonces. Ante el lógico dolor y la depresión anímica que sufre, es sacada de la situación por la Virgen. Es en estas circunstancias cuando muestra ante su madre la firme disposición interna a pasar toda suerte de penalidades y sufrimientos por Jesucristo. Las dos juntas y emprenden una época de oración intensa, de mortificación y pobreza extrema; sus cuerpos no conocen sino el suelo duro para dormir; visitan iglesias y hacen caridad. La joven viuda rechaza proposiciones matrimoniales que surgen frecuentes, llegando algunas hasta la impertinencia y el acoso. Peregrinan a los santuarios famosos y organizan una visita a Tierra Santa para empaparse de amor a Dios en los lugares donde padeció y murió el Redentor.

En el año 1373 han regresado, muere en Roma Brígida y Catalina da sepultura provisional en la Ciudad Eterna al cadáver de su madre en la iglesia de san Lorenzo. El traslado del cuerpo en cortejo fúnebre hasta Suecia es una continua actividad misionera por donde pasa. Catalina habla de la misericordia de Dios que espera siempre la conversión de los pecadores; va contando las revelaciones y predicciones que Dios hizo a su santa madre.

Söderkoping es el lugar patrio que recibe la procesión en 1374 como si fuera un acto triunfal. Se relatan conversiones y milagros que se suceden hasta depositar los restos en el monasterio de Vadstena, donde entra y se queda Catalina, practicando la regla que vivió durante veinticinco años con su madre.

Un segundo viaje a Roma durará cinco años; tendrá como meta la puesta en marcha del proceso de canonización de la futura santa Brígida y la aprobación de la Orden del Santísimo Salvador. A su regreso a Vadstena, muere el 24 de marzo de 1381.

Aparte de las revelaciones que tuvo y de las predicciones sobrenaturales que hizo la santa, se cuenta de ella la finura de alma que le llevó a la confesión diaria durante veinticinco años -no por ser escrupulosa- y que consiguió la confesión arrepentida de impenitentes a punto de morir. También se habla de luces que rodean el cuerpo inerte después de su muerte, de una estrella que pudo verse por un tiempo señalando el lugar del reposo y de luminosidades que refulgían junto al sarcófago. No es extraño que la leyenda haya querido dejar su huella intentando hacer que los sentidos descubran la magnanimidad de su alma que sólo es perceptible por lo externo. Por eso dijeron que nunca mamó la leche de la nodriza mundana mientras buscaba el pecho de su madre santa y de otras mujeres honestas. Igualmente contaron que libró a Roma de inundación entrando sus pies en el Tiber y hablaron de la liberación de una posesa.

De todos modos, los santos de ayer y de hoy, siempre han sido puntos de inflexión de la gracia para el bien de todos los hombres.
Por: n/a | Fuente: Archidiócesis de Madrid 

martes, 17 de marzo de 2015

17 de Marzo, Santa Gertrudis de Nivelles, Abadesa


Gertrudis de Nivelles, Santa

Abadesa


Nació en Bravante (Bélgica) en el año 626, murió en Ivi el 17 de Marzo de 659.

Martirologio Romano: En Nivelles, en Brabante, santa Gertrudis, abadesa, la cual, nacida de muy preclara estirpe, recibió de san Amadeo el sagrado velo de las vírgenes, presidió sabiamente el monasterio construido por su madre y, asidua en la lectura de las Escrituras, consumió su vida con la austeridad de vigilias y ayunos (659).

Etimológicamente: Gertrudis = Aquella que es una defensora fiel, es de origen germánico.


Esta joven belga vivió y nació en el siglo VII. Era hija de Pipino de Landen, un señor noble de mucho prestigio y emparentado con Carlomagno. Cuando murió su padre, pensó en hacerse monja juntamente con su madre Ita.



Para ello fundaron dos conventos: uno para hombres y otro para mujeres, pero ambos estaban gobernados por la madre abadesa, que, en este caso, fue Ita hasta su muerte.



Después le sucedió Gertrudis, aunque todos los asuntos administrativos se los encargó a un hermano.



Su gran deber consistió en entregarse a dar cultura a aquella gente ignorante. Era la época de las grandes supersticiones. Por eso, le pidió a los obispos y abades de Irlanda que enviasen monjes para culturizar a su tierra, Brabante.



Lo mismo hizo con Roma. Quería que, o bien vinieran, o bien dejaran ir a la ciudad eterna a aprender liturgia y la forma de rezar.



Su fama crecía a pasos agigantados no sólo por la santidad de vida, sino también porque se convirtió en una excelente diplomática.



Sí, es cierto. Durante aquellos años había muchas guerrillas y luchas entre distintas familias señoriales.



Mediante su intervención logró llevar a todos la reconciliación y el perdón.

Murió muy joven, y su culto se extendió en seguida por todos sitios. 

Había un relicario del siglo XIII, pero un bombardeo de la Segunda Guerra Mundial lo destruyó.



¡Felicidades a quien lleve este nombre!



Por: P. Felipe Santos




lunes, 27 de octubre de 2014

20 de Octubre - Santa Adelina de Savigny


Santa Adelina de Savigny 20 de Octubre

Nombre: Adelina de Savigny
Nacimiento: fecha desconocida
Fallecimiento: Año 1125

Santa Adelina de Savigny, francesa, se desempeñó como monja "benedictina". Era descendiente de Guillermo (también conocido como "El Conquistador").

jueves, 16 de octubre de 2014

16 de Octubre - Día de Santa Eduvigis "Patrona de Afligidos y Deudores"

Santa Eduvigis

Patrona de los afligidos y deudores
Nació: en Baviera, Alemania
Falleció: 15 de Octubre de 1243 en Trebnitz, Alemania
Celebración: 16 de Octubre
Significado del nombre: Luchadora victoriosa, de origen Germánico

La vida de Eduviges, niña rica e hija de príncipes, fue una letanía de sufrimientos. Sufrió con el esposo, hombre violento y vulgar. Enrique fue varias veces prisionero de guerra. Una vez, lo trajeron a casa derramando sangre por las heridas. Fue muerto a puñaladas, pocos meses después, durante la celebración de la misa. Sufrió con los hijos. Uno de ellos se rebeló contra el papa y tuvo muerte violenta. Otro hijo, Enrique, murió en la guerra. Ella misma fue a recoger su cuerpo mutilado, en medio de otros cadáveres esparcidos por el campo de batalla.
Sufrió con sus parientes. Su hermana Inés, reina de Francia, tuvo muchas frustraciones en su matrimonio. Otra hermana, reina de Hungría, murió apuñalada. Sus hermanos fueron acusados de traicionar y matar al emperador. La sobrina, santa Isabel de Hungría, fue arrojada del castillo y murió en la miseria.
Sufrió con la situación de su tiempo. Corría el siglo XIII y los campesinos y los pobres eran oprimidos por los nobles. Eduviges, se dedicó enteramente al servicio de los necesitados: protegía a los huérfanos y a las viudas, visitaba hospitales, amparaba a la juventud necesitada, educándola e instruyéndola en la fe cristiana, cuidaba los leprosos...
Andaba descalza por las calles, con los pies agrietados por la nieve, haciendo penitencia. Cuando su esposo murió, se retiró al convento donde su hija Gertrudis era abadesa. Pasó el resto de sus días en austeridad. Murió en el año 1243. Santa Eduviges es la patrona de los afligidos y deudores.

Modelo de los tres estados femeninos: De la virgen, de la esposa y de la viuda

 Oración

Santa Eduviges  que amaste la virginidad como forma de agradar a Dios; que honraste el matrimonio como esposa fiel y madre amorosa; y que, viuda, escogiste la vida religiosa como forma de consagrar por entero al Señor el resto de tu vida, ayúdame a servir a Dios, conservando puro mi corazón  y cumpliendo fielmente la misión que Él me confió en este mundo. Amén.

Oración

Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


Oh Dios! Que enseñaste a la bienaventurada Eduvigis a renunciar de todo corazón a las pompas del mundo, por seguir con humildad el camino de tu cruz; concédenos por sus méritos que aprendamos, a ejemplo suyo a menospreciar las perecederas delicias de este siglo y a vencer por tu amor todas las adversidades de esta vida.


Oración a la matrona de los endeudados, insolventes y desvalidos

Gloriosa Princesa:

Santa Eduvigis, que llegado al término de tu destierro, noticias del día del tránsito a la eternidad, te previniste con los Santos Sacramentos de la iglesia y empuñando la imagen de María Santísima, que quisiste te acompañara en el Sepulcro, como en vida te había acompañado por la cordial devoción que desde tu niñez profesaste a la gran Señora, esperaste al esposo, el que con la comitiva de los cortesanos, vino a recibir tu espíritu y pasando por una preciosísima muerte a lograr el premio de tus virtudes, comenzaste a reinar con tu Esposo en el Cielo.

Te doy el parabién de tu gloria, en la que resides, contemplándote en Dios y maltrocinando de mundo, que fue el teatro de tus piedades. No apartes de él tus ojos, pues llevando miserias, están éstas clamando por ti por su remedio.

Sientan, pues, los enfermos, desvalidos, los efectos de tus compasivas entrañas, a las que confiado recurro en las circunstancias presentes, esperando el consuelo que pido a mayor gloria de Dios. Amén.

(Se recomienda usar una medalla de Santa Eduvigis, durante el rezo de esta oración o bien tener alguna imagen impresa en las manos).


Oración

Dios nuestro que cuidas con paternal solicitud a todas las criaturas y tienes especial providencia de los seres humanos, redimidos con la muerte de tu Hijo en la Cruz, concédenos, por intercesión de Santa Eduvigis, a quien adornaste con un gran amor hacia los pobres y afligidos, el sincero arrepentimiento de nuestros pecados, saber compadecernos de nuestros hermanos que sufren, el remedio de ...(solicitar la petición) y el alivio de nuestras necesidades espirituales y corporales, si esto último conviene a nuestra salvación eterna. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.


Oración

Oh Dios! Que enseñaste a la bienaventurada Santa Eduvigis a renunciar de todo corazón a las pompas del mundo, por seguir con humildad el camino de tu cruz; concédenos por sus méritos que aprendamos, a ejemplo suyo a menospreciar las perecederas delicias de este siglo y a vencer por tu amor todas las adversidades de esta vida. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. (solicitar la petición).

Santa Eduvigis: pídele al Señor que nosotros seamos más generosos en compartir nuestros bienes con los necesitados. Quien da al pobre presta a Dios y Dios le recompensará (S. Biblia).

Santa Eduvigis rendida en oración, oyó cuando Jesús le dijo “…He escuchado tu oración, alcanzarás lo que pidas…".

Nota: Se recomienda que tengan la imagen de Santa Eduvigis con su casita, orar con mucha fe para conseguir lo que se le pide y, por supuesto, recordarla en oración todos los 16 de octubre.

 Oración

Santa Eduviges: Un alma que sufre en silencio porque a nadie puede quejarse, un corazón oprimido te llama implorando piedad. Mis ojos tristemente se abrazan ante tu imagen y derraman sus lagrimas a tus pies. Si merecen tu clemencia ponlos en el corazón de Jesús y pídele que sus manos sequen mi llanto, que sosiegue mi alma aclarando la densa nube que oscurece mi corazón.

Le ruego a la madre de la Inmaculada Concepción que sea mediadora, que te presente al Padre Celestial en sus brazos y por El te ruego que me ampares en esta necesidad y el Espíritu Santo me consuele (se pide el favor que se desea). No me desoigas dulce y Santa princesa.

Tiéndeme tu mano, te lo ruego. Por el rasgo que tuvo el Crucificado contigo cuando desclavó su diestra y te dijo: Alcanzarás lo que me pidas.

3 Padrenuestros, una Avemaría y un Gloria.

Oración

Gloriosa Princesa Santa Eduvigis, que pasaste por la tierra socorriendo necesidades, amparando huérfanos, ayudando doncellas abandonadas, pagando deudas de los pobres insolventes, procurando vivienda a los necesitados. Hoy acudo a ti como modelo que imitar en este ferviente amor al prójimo. Enséñame la caridad. En tus manos pongo hoy mis intenciones y necesidades para que las presentes al señor (Pídase la gracia que se desea).

Como mi modelo y protectora quiero imitar su resignación a la voluntad divina. Presenta al Señor mis intenciones. Oh gloriosa Santa Eduvigis, abogada de los deudores, de los pobres desvalidos, ruega por nosotros. Así sea.

Oración

Señor Dios nuestro, que por vuestro Unigénito Hijo, habéis revelado a Santa Eduviges los secretos del cielo, haced por su piadosa intercesión, que vuestros servidores un día se regocijen eternamente en la posesión de vuestra gloria.

Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Oración

Oh Dios! Que enseñaste a la bienaventurada Eduvigis a renunciar de todo corazón a las pompas del mundo, por seguir con humildad el camino de tu cruz; concédenos por sus méritos que aprendamos, a ejemplo suyo a menospreciar las perecederas delicias de este siglo y a vencer por tu amor todas las adversidades de esta vida. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Oración "Déjame tus favores"

Oh Dios, permíteme formar parte de aquellos a los que mostraste el camino verdadero, y sálvame de las desgracias de este mundo y del próximo, y ámame como a quienes consideras tus amigos. Multiplica sobre mí tus favores y presérvame del mal. Te lo pido por intercesión de santa Eduvigis, por Cristo, nuestro Señor, Amén.

Consejo de Santa Eduvigis

“Encontrarás personas consientes de su miseria, que sufren porque les falta el amor y gustosos irían a su encuentro: atiéndelos en lo que de ti depende y sea provechoso para ellos. Entrégate tú y lo tuyo, tu corazón que ha de ser compasivo, tus palabras para darles consuelo,  tus manos para ayudarlos  y servirlos”.

Fuentes:
http://www.santopedia.com/santos/santa-eduvigis
http://oracionesydevocionescatolicas.com/oraciones_santa_eduvigis.htm 

16 de Octubre - Santa Margarita María Alcoque "Devota del Sagrado Corazón de Jesús"


Santa Margarita María Alcoque 

Fue una religiosa francesa del siglo XVII receptora de las apariciones del Sagrado Corazón de Jesús, difundido en la cristiandad gracias a su vida espiritual.
Margarita Alacoque nació en la aldea de Hautecour, en la región francesa de Borgoña, el 22 de julio de 1647, dentro de la familia formada por Claudio Alacoque y Filiberta Lamyn. Desde muy temprana edad, mostró una especial devoción al Santísimo Sacramento, permaneciendo largas horas en oración, para sorpresa de quienes le rodeaban.
A la muerte de su padre, Margarita fue enviada al colegio de las Clarisas Pobres de Charolles. En Charolles, sufrió de una fuerte reumática que la obligó a permanecer en cama gran parte del día durante cuatro años, situación que la acercó más a la vida de oración, ofreciendo su sufrimiento al Señor y a la Virgen María. A los nueve años, prometió a la Virgen que dedicaría su vida a Dios e hizo votos secretos de castidad. Tras su confirmación, se adjuntó el nombre de “María”, como aún es tradición de la Iglesia en muchos países.
Tras recuperar su salud, Margarita-María fue puesta bajo la protección de unos parientes suyos, que no hicieron más que controlar su herencia y propiedades, las cuales su madre no logró recuperar hasta años más tarde. Sin embargo, fue ese el momento en el que la joven Margarita viviría una juventud convencional, asistiendo a fiestas propias de su acomodada posición, así como disfrutando de diversiones normales entre las niñas de su edad. Cuando tenía quince años, asistió con sus hermanos a un baile de máscaras, lo que la hizo reflexionar acerca de las frivolidades de su posición, así como de las vanidades de la vida mundana.
En 1671, Margarita decide visitar varios conventos, para así ver en cuál podría servir mejor al Señor, según su confirmada vocación a la vida consagrada. El 20 de junio de ese año, ingresó al monasterio de Paray-le-Monial. Al poco tiempo de su entrada al monasterio, cuando contaba tan solo con veinticinco años de edad, comenzó a recibir las primeras apariciones de Nuestro Señor, las cuales ocurrirían todos los primeros viernes de mes durante dos años.
En una de las apariciones, ocurrida durante la octava del Chorpus Christi de 1675, según narró la propia Margarita a su director espiritual, el Señor le dijo: “He aquí el corazón que tanto ha amado a los hombres, que no se ha ahorrado nada, hasta extinguirse y consumirse para demostrarles su amor. Y en reconocimiento, no recibo de la mayoría sino ingratitud.” En la aparición, Margarita vio el corazón de Jesús coronado por espinas, y rodeado en llamas, dentro del cual había una llaga abierta que derramaba sangre y con ella emergía una cruz.
Esta imagen, descrita por Margarita, fue la que dio lugar a la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, que aún se representa según la aparición a la religiosa.
En 1689, durante unas de las apariciones, Margarita es encomendada con la misión de pedir al rey de Francia que consagre a su país al Sagrado Corazón, y que lo represente en los estandartes del Reino. El 17 de junio de ese año, la monja sale de su clausura en Charolles, pidiendo audiencia con el rey Luis XIV, a quien trasmite el mensaje. Habiendo ignorado la petición, no es extraño que algunos autores se hayan encargado de señalar que exactamente cien años después, el 17 de junio de 1789, el Tercer Estado proclama la constitución de la Asamblea General, desde la cual se gestaría la revolución que emprendería una lucha encarnizada contra la Iglesia, la monarquía y la tradición cristiana de Francia. No es en vano que los contrarrevolucionarios, en especial aquellos de la región francesa de Vendée, tomasen como símbolo el Sagrado Corazón de Jesús.
Santa Margarita cayó gravemente enferma a la edad de cuarenta y tres años, negándose a recibir otro auxilio que el consuelo del alma, los sacramentos y la oración. En su agonía, Santa Margarita dijo en voz alta: “Aquello que tengo en el Cielo, y aquello que quiero en la tierra, sois solo Vos, o Dios mío.”
Tras fallecer, su director espiritual transmitió a muchos la apasionante vida de oración de Margarita María Alacoque, así como las apariciones con las cuales el Señor mostró su especial voluntad de actuar a través de la religiosa. Habiendo conocido su vida, muchos se acercaron a pedir su intercesión, a lo que ella respondió obrando numerosos milagros que le valieron ser beatificada por el Papa Pío IX en 1864 y canonizada por el Papa Benedicto XV el 13 de mayo de 1920.
Gracias a Santa Margarita María Alacoque, se extendió la devoción al Sagrado Corazón de Jesús por toda la cristiandad. Hoy en día, muchos alzan los estandartes con el Sagrado Corazón, según lo describió Santa Margarita, fondeado por las banderas de sus países, en señal de lucha por acercar el Reino de Cristo a la tierra.


Fuentes:
http://www.infovaticana.com/2014/10/16/santa-margarita-maria-alacoque/ 

miércoles, 15 de octubre de 2014

15 de Octubre - Santa Teresa de Avila


Santa Teresa de Avila 15 de Octubre

Nombre: Teresa de Cepeda y Ahumada
Nacimiento: 28 de marzo de 1515 (Ávila, España)
Fallecimiento: 4 de octubre de 1582 (Alba de Tormes, España)

Era hija de  Alonso Sánchez de Cepeda y Beatriz Dávila Ahumada y tenía 12 hermanos (3 del primer matrimonio de Don Alonso y nueve del segundo). En su autobiografía escribe sobre esto: "Por la gracia de Dios, todos mis hermanos y medios hermanos se asemejaban en la virtud a mis buenos padres, menos yo". 

De niña le gustaba leer con su hermano sobre la vida de santos, y se emocionaban al saber que los que ofrecen su vida por amor a Cristo reciben un gran premio en el cielo. Así que decidieron irse a tierras de mahometanos a declararse amigos de Jesús y así ser martirizados para conseguir un buen puesto en el cielo. Afortunadamente, por el camino se encontraron con un tío suyo que al comentarle del plan los regresó a su casa.

A los 15 años, el padre la llevó a estudiar en el colegio de hermanas Agustinas de Ávila. Allí, después de 1 año y medio se enfermó y tuvo que volver al hogar, y allí permaneció hasta que llegó a sus manos (por medio de una persona)  "Las Cartas de San Jerónimo", y desde ese día se propuso ser religiosa e ingresar en un convento. Se lo comentó a su padre y este respondió: "Lo harás, pero cuando yo ya me haya muerto". Y entonces se fugó de la casa. Sobre eso, dijo: "Aquel día, al abandonar mi hogar sentía tan terrible angustia, que llegué a pensar que la agonía y la muerte no podían ser peores de lo que experimentaba yo en aquel momento. El amor de Dios no era suficientemente grande en mí para ahogar el amor que profesaba a mi padre y a mis amigos".

Se desempeñó como monja en el convento de Ávila. Su padre al verla tan resuelta a seguir su vocación, cesó de oponerse. A los 21 años  hizo sus votos de castidad, pobreza y obediencia. Desde ese momento pasó a pertenecer a la Comunidad de hermanas Carmelitas. Padeció un severa enfermedad (quizás una fiebre palúdica), la que al tenerla paralizada la llevó a leer el libro "El alfabeto espiritual", por Osuna, con el que aprendió la oración mental y a meditar. Estas enseñanzas le van a ser de inmensa utilidad durante toda su vida. 

Tenía un gran encanto personal, simpatía, y una alegría contagiosa. 

Con la oración y la meditación comenzó a tener visiones y mensajes de Dios, pero los quería mantener en secreto, pero personas cercanas empezaron a contarlo a otros y pronto se hizo popular. Muchos la creían loca y otros la acusaban de hipócrita, de orgullo y presunción.

Cuando murió, le hicieron una autopsia y le encontraron en su corazón una cicatriz larga y profunda.

Patrona de los escritores.

Oración a Santa Teresa de Jesús  - de San Alfonso de Ligorio

Oh, Santa Teresa, Virgen seráfica, querida esposa de Tu Señor Crucificado, tú, quien en la tierra ardió con un amor tan intenso
 hacia tu Dios y mi Dios, y ahora iluminas como una llama resplandeciente en el paraíso, obtén para mi también,
te lo ruego, un destello de ese mismo fuego ardiente
y santo que me ayude a olvidar el mundo, las cosas creadas,
aún yo mismo, porque tu ardiente deseo era verle adorado
por todos los hombres. 

Concédeme que todos mis pensamientos, deseos y afectos
sean dirigidos siempre a hacer la voluntad de Dios,
la Bondad suprema, aun estando en gozo o en dolor, 
porque Él es digno de ser amado y obedecido por siempre.

 Obtén para mí esta gracia, tú que eres tan poderosa con Dios,
que yo me llene de fuego, como tú, con el santo amor de Dios.   


Amén.






Fuentes:


sábado, 11 de octubre de 2014

11 de Octubre - Santa María Soledad Torres Acosta, "Ministra de Amor y Piedad"


SANTA MARÍA SOLEDAD TORRES ACOSTA
Nombre: Santa María Soledad Torres Acosta
Nacimiento: 2 de Diciembre de 1826 (Madrid, España)Fallecimiento: 11 de Octubre de 1887 (61 años)

Fundadora de la Congregación de las Siervas de MaríaMinistras de los enfermos, que tienen 126 casas en el mundo con 2,380 religiosas.


En ella podemos encontrar todos los matices descritos por San Pablo en el Himno a la caridad (I Cor13). Supo decir con hechos que es posible ser paciente y vivir en paz. Ser pacífica y sembrar paz.  Ser feliz  entre  las  Hermanas que  tenía  a   su  lado  y procurando  suavizarles  la vida. Supo ser  un testimonio vivo de Cristo. 



A los cinco años, una pequeña travesura de niña le ocasionó un castigo por parte de su madre: El castigo de rezar tres Avemarías a la Santísima Virgen de los Dolores, que ella va a rezar todos los días y que más tarde va a convertir en siete, precisamente en recuerdo de los Siete Dolores de la Virgen. María Soledad se va identificando cada vez más con la Virgen en este misterio de tal forma que llegará a tener los mismos sentimientos de MARÍA y a traducir frente a los demás su mismo amor maternal.

María Soledad era de complexión débil, enfermiza, escasa de fuerzas; al mismo tiempo, tenía una gran energía de temperamento y de carácter. Desarrollaba una asombrosa vitalidad, siempre destacando en la humildad, fe y caridad. Ella quedó sola con la nave del Instituto a punto de hundirse, sólo una mujer con el temple de María Soledad, mujer entregada a la configuración con CRISTO Doliente, atenta a su mirada y con el apoyo y sostén de las muchas horas de oración junto al SAGRARIO, fue capaz de llevar a cabo la obra de Dios. Llevó  el timón de la CONGREGACIÓN de SIERVAS DE MARÍA, desde 1856 hasta 1887 fecha de su muerte. 

Treinta y un años encarnando y personificando el Carisma: "Estuve enfermo y me visitasteis....lo que hicisteis a uno de estos mis hermanos a  Mí me lo hicisteis" (Mt. 25,26), el don de la gracia, que el Espíritu Santo había suscitado en la Iglesia y convirtiéndose por la misma fuerza del Espíritu Santo, en Maestra, Madre y Fundadora de las Siervas de María.

Un autor escribe: "Contemplamos a María Soledad, como una presencia visible o casi como una "encarnación" de María en el misterio de su amor misericordioso, de su ternura infinita, de su amor maternal, precisamente hacia los hijos más necesitados: Hacia los enfermos. Mª Soledad pequeña de estatura, gigante de espíritu. A través del Instituto de las Siervas de María, se convierte para la Iglesia en presencia continuadora del Cristo sufriente que quiere proyectarse en el amor a los otros cristos que sufren en la tierra".

La vida de Santa María Soledad deja huella y nos presenta una interesante panorámica de cómo es posible encarnar LA CIVILIZACIÓN DEL AMOR superando el mal a fuerza de hacer el bien a todos, “llevando la sonrisa en los labios y la humildad en el corazón”. Ella es como el reflejo de Jesús manso y humilde de corazón, como si la misericordia y la amistad de Dios llenaran su vida y desbordaran en su trato.

Murió la santa el 11 de octubre de 1887 a la edad de 61 años. Fue canonizada por Pablo VI en 1970.

Oración a Santa María Soledad

“Gloriosa Santa Mª Soledad Torres Acosta que movida por un grande amor de Dios, amasteis tanto a los enfermos y a los pobres y tanto hicisteis por aliviarlos  y consolarlos en sus sufrimientos, alcanzadnos del Señor el remedio para todos nuestros males  de cuerpo y alma, y que en nuestra tribulación no nos falte la paciencia y la conformidad a la voluntad de Dios. Suscitad también en nosotros y en todos los hombres grandes sentimientos de caridad para con los enfermos y con los pobres, de modo que practicando con ellos, por Cristo, muchas obras de caridad, merezcamos después recibid con Vos el premio prometido por el Señor. Así sea.”

Fuentes:


11 de Octubre - Maternidad de la Santísima Virgen María

MATERNIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA
Por su total adhesión a la voluntad del Padre, a la obra redentora de su Hijo, a toda moción del Espíritu Santo, la Virgen María es para la Iglesia el modelo de la fe y de la caridad
La Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora"
MARÍA, MADRE DE CRISTO, MADRE DE LA IGLESIA

«Se la reconoce y se la venera como verdadera Madre de Dios y del Redentor [...] más aún, "es verdaderamente la Madre de los miembros (de Cristo) porque colaboró con su amor a que nacieran en la Iglesia los creyentes, miembros de aquella cabeza" (LG 53; cf. San Agustín, De sancta virginitate 6, 6)"». 

"María [...], Madre de Cristo, Madre de la Iglesia" (Pablo VI, Discurso a los padres conciliares al concluir la tercera sesión del Concilio Ecuménico, 21 de noviembre de 1964).


Totalmente unida a su Hijo...

«La Bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz. Allí, por voluntad de Dios, estuvo de pie, sufrió intensamente con su Hijo y se unió a su sacrificio con corazón de madre que, llena de amor, daba amorosamente su consentimiento a la inmolación de su Hijo como víctima que Ella había engendrado. Finalmente, Jesucristo, agonizando en la cruz, la dio como madre al discípulo con estas palabras: “Mujer, ahí tienes a tu hijo” (Jn 19, 26-27)» (LG 58).

Después de la Ascensión de su Hijo, María "estuvo presente en los comienzos de la Iglesia con sus oraciones" (LG 69). Reunida con los apóstoles y algunas mujeres, "María pedía con sus oraciones el don del Espíritu, que en la Anunciación la había cubierto con su sombra" (LG 59).

... también en su Asunción ...

"Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo y enaltecida por Dios como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los señores y vencedor del pecado y de la muerte" (LG 59; cf. Pío XII, Const. apo. Munificentissimus Deus, 1 noviembre 1950: DS 3903).

La Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos:

«En el parto te conservaste Virgen, en tu tránsito no desamparaste al mundo, oh Madre de Dios. Alcanzaste la fuente de la Vida porque concebiste al Dios viviente, y con tu intercesión salvas de la muerte nuestras almas (Tropario en el día de la Dormición de la Bienaventurada Virgen María).

... ella es nuestra Madre en el orden de la gracia

Por su total adhesión a la voluntad del Padre, a la obra redentora de su Hijo, a toda moción del Espíritu Santo, la Virgen María es para la Iglesia el modelo de la fe y de la caridad. Por eso es "miembro supereminente y del todo singular de la Iglesia" (LG 53), incluso constituye "la figura" [typus] de la Iglesia (LG 63).

Pero su papel con relación a la Iglesia y a toda la humanidad va aún más lejos. "Colaboró de manera totalmente singular a la obra del Salvador por su obediencia, su fe, esperanza y ardiente amor, para restablecer la vida sobrenatural de los hombres. Por esta razón es nuestra madre en el orden de la gracia" (LG 61).

"Esta maternidad de María perdura sin cesar en la economía de la gracia, desde el consentimiento que dio fielmente en la Anunciación, y que mantuvo sin vacilar al pie de la cruz, hasta la realización plena y definitiva de todos los escogidos. En efecto, con su asunción a los cielos, no abandonó su misión salvadora, sino que continúa procurándonos con su múltiple intercesión los dones de la salvación eterna [...] Por eso la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora" (LG 62).

"La misión maternal de María para con los hombres de ninguna manera disminuye o hace sombra a la única mediación de Cristo, sino que manifiesta su eficacia. En efecto, todo el influjo de la Santísima Virgen en la salvación de los hombres [...] brota de la sobreabundancia de los méritos de Cristo, se apoya en su mediación, depende totalmente de ella y de ella saca toda su eficacia" (LG 60). "Ninguna creatura puede ser puesta nunca en el mismo orden con el Verbo encarnado y Redentor. Pero, así como en el sacerdocio de Cristo participan de diversas maneras tanto los ministros como el pueblo fiel, y así como la única bondad de Dios se difunde realmente en las criaturas de distintas maneras, así también la única mediación del Redentor no excluye, sino que suscita en las criaturas una colaboración diversa que participa de la única fuente" (LG 62).


"Todas las generaciones me llamarán bienaventurada" (Lc 1, 48): "La piedad de la Iglesia hacia la Santísima Virgen es un elemento intrínseco del culto cristiano" (MC 56). La Santísima Virgen «es honrada con razón por la Iglesia con un culto especial. Y, en efecto, desde los tiempos más antiguos, se venera a la Santísima Virgen con el título de "Madre de Dios", bajo cuya protección se acogen los fieles suplicantes en todos sus peligros y necesidades [...] Este culto [...] aunque del todo singular, es esencialmente diferente del culto de adoración que se da al Verbo encarnado, lo mismo que al Padre y al Espíritu Santo, pero lo favorece muy poderosamente" (LG 66); encuentra su expresión en las fiestas litúrgicas dedicadas a la Madre de Dios (cf. SC 103) y en la oración mariana, como el Santo Rosario, "síntesis de todo el Evangelio" (MC 42).


Después de haber hablado de la Iglesia, de su origen, de su misión y de su destino, no se puede concluir mejor que volviendo la mirada a María para contemplar en ella lo que es la Iglesia en su misterio, en su "peregrinación de la fe", y lo que será al final de su marcha, donde le espera, "para la gloria de la Santísima e indivisible Trinidad", "en comunión con todos los santos" (LG 69), aquella a quien la Iglesia venera como la Madre de su Señor y como su propia Madre:

«Entre tanto, la Madre de Jesús, glorificada ya en los cielos en cuerpo y alma, es la imagen y comienzo de la Iglesia que llegará a su plenitud en el siglo futuro. También en este mundo, hasta que llegue el día del Señor, brilla ante el Pueblo de Dios en marcha, como señal de esperanza cierta y de consuelo» (LG 68).

Al pronunciar el Fiat de la Anunciación y al dar su consentimiento al misterio de la Encarnación, María colabora ya en toda la obra que debe llevar a cabo su Hijo. Ella es madre allí donde Él es Salvador y Cabeza del Cuerpo místico.

La Santísima Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo, en donde ella participa ya en la gloria de la resurrección de su Hijo, anticipando la resurrección de todos los miembros de su cuerpo.

"Creemos que la Santísima Madre de Dios, nueva Eva, Madre de la Iglesia, continúa en el cielo ejercitando su oficio materno con respecto a los miembros de Cristo (Credo del Pueblo de Dios, 15).

1.       Trasmitiendo la vida divina: ella nos trasmite la vida de su Hijo.

Primero, porque la vida es Cristo, y Ella nos ha dado a Cristo, a Aquel quien es la Vida. Además, fue la mujer asociada por excelencia al sacrificio de Cristo que nos ganó la vida eterna, la vida divina. Por ser la criatura que ha cooperado de una manera única y singular en la obra de redención, es también, por designio divino, la que nos distribuye las gracias de Cristo, y así nos alimenta, nos guía, protege, nos ayuda a crecer en la vida de la gracia y en la vida sobrenatural a fin de alcanzar la perfección de Cristo, de llegar a ser a la estatura de Cristo (cfr. Ef 4,13).

• es un don tener una madre que cuida nuestra vida espiritual. A veces damos mas atención a la vida natural que a la sobrenatural. Sin embargo, es una realidad superior “No temáis a los que matan el cuerpo sino el alma" (San Mateo 10, 28).

Distribuye las gracias que Cristo nos logró con su redención y que ella nos ha alcanzado con su intercesión. “La función maternal de María para con los hombres de ninguna manera oscurece ni disminuye esta única mediación de Cristo, antes bien muestra su eficacia. Porque todo el influjo salvífico de la Bienaventurada Virgen en favor de los hombres, nace del beneplácito divino y brota de la superabundancia de los méritos de Cristo, se apoya en su mediación, de ella depende totalmente y de la misma saca su eficacia, y lejos de impedirla, fomenta la unión inmediata de los creyentes con Cristo.” (Constitución Dogmática Lumen Gentium # 60)
4. Visitando e interviniendo en nuestras vidas, en la vida de la Iglesia y del mundo de manera especial cuando se está en peligro de perderse, de errar o de caer en la oscuridad.. Así como la columna de nube durante el día, y la columna de fuego durante la noche precedía a los israelitas en el desierto para enseñarles el camino, y nunca dejó dejó de ocupar su lugar en frente del pueblo, la Virgen Santísima, la nueva columna descrita en el sueño de San Juan Bosco, va delante de nosotros en tiempos de confusión y batalla, llevándonos seguros al Corazón de Jesús y a su Iglesia.

Apariciones: preocupación materna por las situaciones del mundo, de la Iglesia y de los pecadores. Viene cuando más la necesitamos a reavivar la fe, a regresarnos a su Hijo.

¿Cuándo comienza esta maternidad espiritual de María?

Desde la Anunciación, cuando la Santísima Virgen recibe el llamado para ser la Madre del Redentor, de forma implícita y escondida, también se revela el llamado a ser madre de todos los hombres. La Madre de la Cabeza debía ser también la Madre del cuerpo. La Madre del Redentor, sería la Madre de los redimidos. La Madre física de Cristo, sería la Madre espiritual del cuerpo místico de Cristo. La Virgen Santísima al engendrar física y naturalmente a Cristo, engendra espiritual y sobrenaturalmente a todos los miembros del cuerpo místico de Cristo, o sea, a todo el género humano. La Cabeza como sus místicos miembros son frutos del mismo seno, el de María; entonces, ella es Madre del Cristo total: la cabeza y el cuerpo-fisícamente de la Cabeza, espiritualmente de los miembros, así nos explica el Papa San Pío X en su encíclica  Ad Diem Illum Laetissimum. La maternidad espiritual de María es el complemento de su maternidad divina.

En los Evangelios:

Vemos algunos signos de la maternidad espiritual de la Santísima Virgen sobre los hombres (en sus dos facetas- intercesión y dispensación de las gracias):

En la Visitación, cuando con su presencia alcanza las gracias de santificación para Juan Bautista y la gracia del Espíritu Santo sobre Isabel, logrando así el primer milagro en el orden sobrenatural.

En Caná, su intercesión y mediación maternal logra el primer milagro en el orden de la naturaleza.

Estos signos de su maternidad espiritual alcanzan su plena realización en el Calvario, cuando de manera explícita, según el Evangelio de San Juan capítulo 19, Cristo desde la Cruz se dirige al discípulo amado y en él, a cada uno de nosotros y nos la da como Madre. 

“He aquí a tu Madre; Madre he aquí a tu Hijo”(San Juan 19, 26-27)

Si la maternidad espiritual de María respecto de los hombres ya había sido delineada desde la Anunciación, en la Cruz es establecida claramente. Las palabras de Cristo proclamaron oficialmente y confirmaron en esa hora solemne, la maternidad espiritual de María, que ya existía esencialmente desde la Anunciación, pero que estaba consumándose y completándose formalmente por su dolorosísima asociación y participación en el sacrificio redentor. En Nazaret, María Santísima nos concibió, en el Calvario nos dió a luz.
Nos dio a luz en el dolor

Esta maternidad espiritual sobre los hombres, confirmada y completada en la Cruz, costó a nuestra Madre grandes sufrimientos, ella nos dio a luz con intensos dolores de parto: su Corazón fue traspasado. Nos dio a luz viendo a su Hijo morir: su maternidad hacia nosotros es fruto del dolor. Con el mismo fiat que acogió el anuncio del ángel, para la maternidad divina, con ese mismo fiat, acogió el anuncio de Cristo en la Cruz, para su maternidad espiritual. Desde ese mismo momento acoge a Juan, y en él a todos los hombres, como hijos... su Corazón es espiritualmente traspasado y abierto a los hombres para siempre.
Cuando el ángel le dijo: “alégrate, vas a concebir en el seno y dar a luz un hijo”(San Lucas 1, 28-31), Ella abrió su Corazón inmaculado para acoger con fe y obediencia la invitación a la maternidad divina. En el segundo anuncio de maternidad: "Cuando Jesús dijo: "Mujer, he aquí a tu hijo" (San Juan 19,26), abrió de una manera nueva el Corazón de la Madre.

Un poco más tarde, el soldado traspasa el Corazón de Jesús: Con esas palabras, el Corazón de María es abierto, para recibir a los que el Corazón traspasado de Jesús iba a alcanzar con su poder redentor." (S.S. Juan Pablo II en  1982). Desde la Cruz: igual que el Corazón de Jesús quedó eternamente abierto para derramar gracias de salvación sobre la humanidad, el Corazón de María quedó eternamente abierto para acoger como madre a los que aceptan la redención de su Hijo.

He aquí a tu hijo

Al pie de la Cruz estaba María Santísima, y junto a ella San Juan. Este apóstol (según el Magisterio de la Iglesia, de los Padres y Papas) representa a toda la humanidad , de manera particular a los fieles, a los que desean ser “discípulos amados”. Al pie de la Cruz, Cristo, confía al discípulo amado y en él a todos los hombres y a la Iglesia, al cuidado maternal de María. Para que lo que Ella ha hecho con El, lo haga ahora con su cuerpo místico. "En Juan, el discípulo amado, cada persona descubre que es hijo o hija de aquella que dio al mundo al Hijo de Dios".

S.S. Juan Pablo II escribe en la encíclica Madre del Redentor # 45 : "La maternidad en el orden de la gracia igual que en el orden natural caracteriza la unión de la madre con el hijo. En esta luz se hace mas comprensible el hecho que, en el testamento de Cristo en el Gólgota, la nueva maternidad de su madre haya sido expresada en singular, refirndose a un hombre: "Ahí tienes a tu hijo" (San Juan 19, 26). En estas mismas palabras esta indicado el motivo de la dimensión mariana de la vida de los discípulos de Cristo; no solo de Juan, sino de todo cristiano. El Redentor confía su madre al discípulo y al mismo tiempo, se le da como madre. La maternidad de María, que se convierte en herencia del hombre, es un don: un don que Cristo mismo hace personalmente a cada hombre”

La maternidad de María según el Siervo de Dios  Juan Pablo II:

  • Es el deseo expreso de Cristo, su testamento final.
  • Es universal y personal. 
  • Ella es Madre de la Iglesia, y madre de cada miembro. 
  • Cada uno de nosotros debe entrar en una relación personal con ella, de Madre e hijo. 
  • Quiere que seamos hijos, relación íntima, la que Cristo mismo tuvo con Ella. 
  • Ser extensión del amor de Cristo hacia su Madre. Amarla como El la ama.
  • Es un don de Cristo a cada uno. 
  • Cada discípulo debe tener una dimensión mariana en su vida. 



La misión maternal de María debe ser acogida por cada uno. Este es el significado profundo del escudo papal. “El discípulo la acogió en su casa” (San Juan 19, 27), en su corazón. Respondió al don de Cristo. 

Esta maternidad tiene efectos reales en nuestras vidas: participa en la transmisión de la vida espiritual, de la restauración de las almas. Tiene la misión de guiarnos, protegernos, educarnos, formarnos y velar por nuestras necesidades. Por ser nuestra Madre, es la poderosa intercesora y la mediadora de las gracias.
Su maternidad después de la Cruz

Si toda la vida terrena de María, fue marcada por la solicitud maternal hacia su Hijo, y hacia los hombres, con mucha más fuerza lo sería desde el momento de la Cruz, cuando esta maternidad es completada y confirmada, y del Corazón traspasado de Su Hijo, nace la Iglesia, el Cuerpo Místico de su Hijo. Tendría que hacer con la Iglesia, lo que hizo con su Hijo. 

A partir de ese momento su Corazón maternal se volcará hacia la Iglesia naciente. Será una verdadera madre para el cuerpo místico de su Hijo: estará con ellos con su oración, con su solicitud y diligencia maternal, con sus intervenciones y visitaciones, con su generosidad y su súplica poderosa, con su constante y amorosa presencia. Ella intercederá e intervendrá ante todas y las diversas necesidades de sus hijos. Saldrá al encuentro de las necesidades del hombre, atrayendo, con su oración, su mediación y presencia maternal, la acción salvífica y el poder salvífico de Cristo.

Su maternidad es en sí misma una mediación, por eso el Siervo de Dios Juan Pablo II le llama “mediación maternal”. “María se pone entre su Hijo y los hombres en la realidad de sus privaciones, indigencias y sufrimientos. Se pone en medio, o sea hace de medidora no como una persona extraña o simple observadora, sino en su papel de Madre, consciente de que como tal puede -más bien- tiene derecho de, hacer presente a su Hijo las necesidades de los hombres. Su mediación por lo tanto, tiene un carácter de intercesión: ella intercede por los hombres y también como madre desea que se manifieste el poder salvífico de Cristo.”

Si Cristo la llamó a ser madre de todos, no solo le dio deberes sino también derechos de madre: pedir, alimentar, hacer crecer, proteger, enseñar, formar, etc.

Su intercesión tiene doble faceta: el bien del hombre y la manifestación del poder salvífico de su Hijo.

¿No es esto acaso lo que se reveló en Caná?

Después de la Asunción

“Esta maternidad de María perdura sin cesar en la economía de la gracia desde el momento en que prestó fiel asentimiento a la Anunciación, y lo mantuvo sin vacilación al pie de la cruz hasta la consumación perfecta de todos los elegidos. Pues una vez asunta a los cielos, no dejó su oficio salvador, sino que continúa alcanzándonos por su múltiple intercesión los dones de la salvación eterna. Con amor maternal cuida de los hermanos de su Hijo que peregrinan, se debaten entre peligros y angustias y luchan contra el pecado hasta que sean llevados a la patria feliz. “ (Constitución Dogmática Lumen Gentium # 62).

• Perdura sin cesar hasta la consumación perfecta de todos los elegidos. Por lo tanto, hasta el fin de los tiempos. Ver a Cristo formado en nuestros corazones, ver que vivamos en Cristo y con la vida de Cristo. Es su misión llevarnos con su intercesión y mediación maternal hasta el cielo. Que dolor para Ella, no ver en muchas almas, a Cristo y su vida divina en ellos. Si San Pablo en Gálatas 4, 19 dice: "hijos míos ¡por quienes sufro dolores de parto, hasta ver a Cristo formado en vosotros”, como lo podrá decir Ella quien como Madre espiritual está supuesta a dar a luz a Cristo en nuestros corazones?.

• Ella introduce a los hombres a Cristo y Cristo a los hombres: pastores, reyes magos, Simeón y Ana, los esposos de Caná y servidores, los primeros discípulos, la Iglesia.

• En el cielo, no se ha olvidado de nosotros, vive intercediendo e interviniendo en la vida de cada uno y en la vida de la iglesia. Con mayor razón es poderosa María en su intercesión después de la Asunción, después de haber entrado en el cielo en cuerpo y alma, y haber sido coronada como Reina de cielos y tierra.

• Con amor maternal cuida de los que peregrinamos entre peligros y angustias. Por ser madre está implicada en nuestras vidas, y en la vida de la Iglesia. 

Implicada en la historia de cada uno y en la de la Iglesia:

Cada uno de nosotros puede testificar la maternidad espiritual de la Santísima Virgen en nuestras vidas. En cuantas ocasiones y momentos hemos experimentado la presencia de nuestra madre, la respuesta a nuestras súplicas, su intervención librándonos de peligros. No acabaríamos nunca. Los libros de los santos y santas, están llenos de sus experiencias con la Santísima Virgen.

• Experimentamos su protección.
• Somos librados de tentaciones con la presencia de María.
• Protegidos físicamente.
• Restauradas las familias con el rezo del Santo Rosario
• En la soledad se ha sentido su amor maternal.
• Ante los ataques del demonio, su mirada misericordiosa los ha cesado.
• En el sufrimiento, recibiendo consuelo.
• En nuestra frialdad, hemos recibido su ternura.

Por algo decía San Bernardo: “Hay que recurrir a María en todas las necesidades de alma y cuerpo, en todos los tiempos, lugares y cosas con gran sencillez, confianza y ternura. En las dudas, para que nos ilumine; en los extravíos, para volver al buen camino; en las tentaciones, para que nos sostenga; en las debilidades, para que nos fortifique; en las caídas, para que nos levante; en los desalientos, para que nos infunda nuevos ánimos; en los escrúpulos, para que los disipe; en las cruces, trabajos y contratiempos de la vida, para que nos consuele". Siempre y en todo recurriendo a María como Madre cariñosa y llena de ternura.

El Siervo de Dios Juan Pablo II, recurría constantemente, de manera personal y como pastor de la Iglesia, al cuidado maternal de la Virgen Santísima. No hay ni un solo suceso, ni una sola carta, ni una alocución, ni un ministerio que él no confíe al cuidado de la Virgen Santísima. El atribuye a la Santísima Virgen su protección del atentado. “Una mano disparó y otra mano dirigió la bala”. Es esa bala, la que está hoy en la corona de la imagen de la Virgen en Fátima.

Involucrada en la historia de la Iglesia y del mundo: 

“A ti suplicamos gimiendo y llorando en este valle de lágrimas”.

En el libro del Apocalipsis capítulo 12: se nos presenta María en sus dos maternidades: Madre de Jesús y Madre de los creyentes. Aparece la mujer vestida del sol, con la luna bajo los pies y una corona de doce estrellas en su cabeza, y con dolores de parto queriendo dar a luz. Aparece también el dragón. Cuando la oscuridad del demonio quiere invadir la tierra, aparece nuestra Señora para defender a sus hijos trayendo la luz de Cristo. En el panorama, ya no solo está el demonio, sino la Virgen María, Madre de Cristo y nuestra que viene, aparece, visita, para protegernos, guiarnos, iluminarnos y enseñarnos el camino opuesto al ofrecido por el demonio. Su maternidad no solo nos nutre con la vida de Cristo, sino que nos defiende del enemigo de Cristo. Ella en su maternidad está situada en el centro mismo de aquella “enemistad” de aquella lucha que acompaña la historia de la humanidad en la tierra y la historia misma de la salvación... En esta historia María, sigue siendo una señal de esperanza futura (Redemptoris Mater # 11) porque tenemos una Madre.

• Defiende a su Hijo de ser devorado por el dragón.
• Defiende al resto de sus hijos, a quienes el demonio feroz quiere destruir.

“La gran señal que apareció en el cielo vestida del sol: revestida de la luz de Cristo. Con la luna bajo sus pies (luna que simboliza el tiempo, bajo sus pies. Ella tiene autoridad, ejerce dominio sobre el tiempo, es su patrona. Ella aunque vivió en el tiempo, es superior a las vicisitudes del tiempo y no es condicionada por el. O sea, tiene el poder dado por Dios, para aplastar las batallas que se dan en la historia, en los tiempos específicos). Coronada: participe del poder real de su Hijo (Ella es reina de cielos y tierra). Con doce estrellas: simboliza el triunfo de la Iglesia en María.

Cuando la Iglesia, camina por el desierto, entre grandes batallas, mas presente se hace la Santísima Virgen que viene a proteger a sus hijos. También, entre mas ardua es la batalla, los hijos recurren a la Madre, como ha sido siempre el testimonio de la Iglesia. Desde el siglo III: “Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro, oh Virgen, gloriosa y bendita”. "la experiencia de los fieles ve a la Madre de Dios como a la que esta, de manera especial unida a la Iglesia en los momentos mas difíciles de su historia, cuando los ataques hacia ella se hacen cada vez mas amenazadores. Esto esta en plena concordancia con las visión de la mujer revelada en Génesis y en el Apocalipsis.

Precisamente en los periodos en que Cristo, y por lo tanto su Iglesia, son el signo de implacable contradicción, María aparece particularmente cercana a la Iglesia, porque la Iglesia será siempre el Cuerpo místico de Su Hijo. En estos periodos de la historia, surge la particular necesidad de confiarse, consagrarse a María. Dios Padre confió a su único Hijo a la humanidad. La criatura humana a quien El le confió primero a su Hijo, fue María. Y hasta el fin de los tiempos ella permanecerá como a la que Dios confía su misterio de Salvación en favor de los hombres". (S.S. Juan Pablo II en 1976 a Pablo VI).

Tenemos 2000 años de historia donde hemos visto muchas veces la intervención de la Santísima Virgen en situaciones claves de la vida de la Iglesia y del mundo. Ella interviniendo como Madre y Reina en la historia del mundo. En Fatima la Virgen trajo un detalle particular en su vestido: una estrella. Nos quiso recordar su misión poderosa de intercesora. Ester significa estrella: Ella es la nueva Ester que se presenta ante el Rey intercediendo por el pueblo. Recordemos la historia de Ester:

-Aman enemigo de los Judios, logra que el rey le de el consentimiento de exterminio.
-El día trece del mes: se da el decreto de exterminio.
-Reunirse a ayunar y a hacer penitencia.
-Se presenta con su belleza ante el Rey.
-Pide la liberación de su pueblo de sus enemigos que quieren aniquilarles.
-Logra el favor del Rey, quien reversa toda la acción del enemigo hacia el mismo.
“El realismo de la lucha que continúa en la historia, pone de relieve también, la perspectiva de la victoria definitiva por obra de la mujer, de María, que es nuestra abogada y aliada potente de todas las naciones de la tierra.”

APARICIONES

El Pilar: en el año 40, se apareció en España al apóstol Santiago, para animarlo en la campaña de Evangelización de ese país, la cual Santiago creía no tener mucho éxito. La Virgen Santísima, deja un Pilar con una pequeña estatua como prueba de su presencia. Pilar, porque Ella siempre intervendrá para sostener y apoyar nuestra fe. Le manda a construir una capilla y así se convierte en la primera iglesia dedicada a la Virgen Santísima en la era cristiana. De la fe que España recibe, hemos nosotros recibido.

Covadonga: vemos la intervención de la Virgen en la reconquista de España que comienza en la montaña de Covadonga de las manos de los moros. En esa cueva la Virgen se aparece y anima a la batalla, logrando así la victoria y el establecimiento del cristianismo de nuevo en España. Vemos a la Virgen intervenir en la misión de la Iglesia en la expansión del Reino.

Guadalupe: En 1531, cuando la evangelización de los indios parecía imposible para los misioneros españoles, se aparece la Virgen, como mediadora de unidad entre ellos, utilizando como madre todo aquello que podría llegar al corazón de los indios, y apoyar la autoridad espiritual de los misioneros y del obispo. Ella, logra la evangelización de 3000 millones de indios, revelando su maternidad espiritual. 

-Santo Domingo: logra la conversión de los albigenses, herejes, a través del Santo Rosario dado por la Virgen como medio eficaz contra las herejías.

Iroshima: 6 de agosto de 1945 un grupo de sacerdotes jesuitas rezaban el Santo Rosario, mientras cae la bomba sin causarles algun daño.

Después de la consagración del mundo en el año 1984 y del año mariano de 1987, viene la caída pacifica del comunismo en Europa. El Santo Padre, ha dicho que el Año Mariano, fuera una anticipación del jubileo, incluyendo en si mucho de lo que se deberá expresar plenamente en el año 2000.

Santo Padre: su atentado ocurre el día 13 de Mayo de 1981 día de la Virgen de Fátima. El Santo Padre públicamente ha proclamado que su vida fue protegida directamente por la intervención de la Santísima Virgen y que los mensajes de Fátima parecen, con el fin del siglo, acercarse a su cumplimiento.

La firma en Washington del Tratado de regulación de las armas nucleares de rango intermedio fue en diciembre 8 de 1987.

“Deseo vivamente que se me erija aquí un templo, para mostrar y prodigar en el todo mi amor, mi compasión, mi ayuda y mi defensa. Yo soy su piadosa Madre, de ti y de todos los moradores de esta tierra y de los demás devotos míos que me invoquen y en mí confíen” (La Virgen a Juan Diego en Guadalupe).

Santuarios: Nuevos Cana
Que la maternal intercesión de María, Madre del Redentor y del amor hermoso, sea la estrella que nos guíe con seguridad los pasos de los cristianos al encuentro del Señor” (Carta Apostólica Tertio Millennio Adveniente # 59).

Confiar en su intercesión

Características de la Intercesión de María

1. Sencillez: exposición de la necesidad, pero con la simplicidad de un niño. Los niños más que pedir, exponen, y no es necesario más porque la compenetración es tan grande que los padres saben perfectamente todo lo que la frase del niño encierra, y es más clara que un largo discurso.

Siendo la Virgen, la criatura perfecta, su oración es la más perfecta de las oraciones, la mejor hecha, la que reúne todas las cualidades en su máxima profundidad. La sencillez revela los sentimientos más íntimos.

2. La humildad: gramaticalmente hablando, la Virgen no hace una petición, sino que expone una necesidad. Es evidente que se dirige a su Hijo queriendo que el remedie la necesidad que expone. La delicadeza con que se dirige a Jesús, su manera sencilla de insinuar la necesidad, nos muestra con claridad donde ella se coloca: es su Hijo pero es Dios, era Dios pero ella es su Madre.

Su humildad le permite dar el tono y el matiz preciso a su oración, dándole fuerza y al mismo tiempo, no pedir nada. Muestra su dependencia de Él. Solo el humilde percibe hasta qué punto está necesitado de Dios, y este reconocimiento de su nada y de su necesidad es a lo que Dios responde."Ha mirado la humillación de su esclava, desde ahora me llamarán bienaventurada”.

3. La fe en su Hijo: “Hagan lo que Él les diga” (San Juan 2,5)

Es esta clase de fe, la que compromete a Dios con más fuerza que los argumentos más astutos y contundentes. Cuando la Virgen le habló, su hora no había llegado todavía; después de hablarle con fe tanta fe, su hora llegó en seguida. La fe de María Santísima empapando aquella breve frase de tres palabras, alteró el tiempo e hizo apresurar la hora en que el Señor descubrió su divinidad con una manifestación extraordinaria que fortaleció y aumentó la fe de todos los discípulos.

La Virgen María, Madre de Jesús

Catequesis de Juan Pablo II

El rostro materno de María en los primeros siglos
Catequesis de Juan Pablo II (13-IX-95)

María en el nacimiento de Jesús
Catequesis de Juan Pablo II (20-XI-96)

María, Madre de Dios
Catequesis de Juan Pablo II (27-XI-96)

María, educadora del Hijo de Dios
Catequesis de Juan Pablo II (4-XII-96)


Leemos en la Constitución dogmática Lumen Gentium:  María... “concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo, presentándolo al Padre en el templo, padeciendo con su hijo cuando moría en la Cruz, cooperó en forma enteramente impar, a la obra del Salvador con la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad con el fin de restaurar la vida sobrenatural de las almas. Por eso es nuestra Madre en el orden de la gracia” (Concilio Vaticano II, LG # 61).

2.       Intercediendo en favor nuestro: con actos de súplica dirigida a Cristo para obtener gracias para nosotros. Padres de la Iglesia: omnipotencia suplicante:
Por su perfecta comunión con Cristo, ella desea lo que El desea..
Por su fe: la fe mueve montañas. Al decir “hagan lo que El les diga” (San Juan 2,5). Ella expone la necesidad y deja todo lo demás a su juicio, segura de que la solución que dé es la mejor, la mas indicada, la que lo resuelve de manera mas conveniente. Deja al Señor el campo totalmente libre para que haga su propia voluntad, pero es por que Ella estaba segura de que su voluntad era lo mas perfecto que podría hacerse y lo que de verdad resolvía el asunto. Confía en su sabiduría, en su superior conocimiento, en su visión mas amplia y profunda de las cosas que abarca aspectos y circunstancias que Ella podía desconocer. Expone lo que ocurre y lo deja en sus manos. Es esta clase de fe, la que compromete a Dios con mas fuerza que los argumentos mas astutos y contundentes. Cuando la Virgen le habló, su hora no había llegado todavía; después de hablarle con fe tanta fe, su hora llegó en seguida. La fe de María Santísima, empapando aquella breve frase de tres palabras, alteró el tiempo e hizo apresurar la hora en que el Señor descubrió su divinidad con una manifestación extraordinaria que fortaleció y aumentó la fe de todos los discípulos.
3.       Su mediación universal de las gracias:
“Por la Encarnación redentora, María ha quedado hecha no solo la Madre de Dios en el orden físico de la naturaleza, sino también en el orden sobrenatural de la gracia, Madre de todos los hombres” (Pio XII en 1947)
San Juan y cada uno de nosotros.
La hizo partícipe de su vida, problemas, de su vida espiritual, de sus decisiones, de su vida física. "Y ya que María fue dada como Madre personalmente a él, el discípulo responde con con "la entrega". La entrega es la respuesta al amor de una persona, y, en concreto al amor de la madre. "Entregándose filialmente a María, el cristiano, como el apóstol Juan, introduce a María en todo el espacio de su vida interior, es decir, en su yo humano y cristiano".
Cristo nos confía, nos entrega, nos consagra al cuidado maternal de su Madre, por que sabe que lo necesitamos, para desarrollarnos en la vida de perfección y para defendernos en la batalla contra el demonio.
“Como Madre de la Iglesia, María, elevada al cielo y coronada, no deja de estar implicada en la historia de la Iglesia, que es la historia entre el bien y el mal.” (S.S. Juan Pablo II el 18 de agosto 1995).
Lepanto: En el siglo XVI, los mahometanos estaban invadiendo a Europa donde imponían a fuerza su religión y destruían el cristianismo. Amenazaban invadir Roma, y el Papa Pío V, convoco a los católicos para defender la religión. Se formo un ejercito y fueron en busca del enemigo. El 7 de Octubre de 1572, se encontraron los dos ejército en el golfo de Lepanto. Ellos tenían 282 barcos y 88000 soldados. Los cristianos mucho mas inferior en número. Antes de empezar la batalla, se confesaron, tuvieron Misa y rezaron el Rosario y entonaron un canto a la Madre de Dios. Al principio la batalla era desfavorable para los cristianos, pues el viento corría en forma contraria y detenía sus barcos. Entonces, el Papa con una gran multitud de fieles empezó a recorrer las calles de Roma rezando el Rosario. De forma milagrosa, el viento cambio de rumbo batió las velas de los barcos y los empujo con fuerza contra los enemigos, alcanzando la victoria. Por ello, el día 7 de octubre es el día del Rosario.
Napoleón: sabemos que por intervención de María Auxiliadora, el Papa Pío VII, quien había sido apresado por Napoleón, regreso a Roma el 24 de mayo de 1814, y también por Ella fue derrotado el ejercito de Napoleón y termino este en prisión hasta el resto de sus días.
Fátima: la Virgen pide la consagración de Rusia para evitar que se propaguen sus errores. Viene a querer intervenir en el futuro peligroso que se perfila en el mundo y da los remedios: penitencia, rosario y consagración.
La firma del tratado de Paz en Japón al final de la Segunda Guerra Mundial, fue en agosto 15 de 1945. Seis años mas tarde en septiembre 8 de 1951, firma un tratado más formal.
Austria: 70.000 personas se comprometen a rezar el Rosario por 7 años. El 13 de mayo de 1955 los soviéticos salieron del país.
Brasil: en 1962 los comunistas tomaron el poder, organizaron un rezo y precesión del Rosario, 600 mil mujeres por las calles rezando el rosario y 21 días después, salió el comunismo del país.
Filipinas: 1986, año mariano local. Gran confrontación del ejercito con el pueblo, iban a ametrallar a la masa de gente, y se aparece una bella señora, la describen los guardias como una religiosa, que les dijo: “¿por qué quieren asesinar a mis hijos?”. La guardia bajo sus armas y vino la liberación de Filipinas. El Cardenal Sin ha abiertamente proclamado que esta victoria fue obra de la Virgen Santísima.
En enero 1de 1990 cae la muralla de Berlín.
-En agosto 22 de 1991, muere el partido comunista en Rusia. La disolución de la Unión Soviética y la creación de una nueva nación fueron en diciembre 8 de 1991.
Tristemente, las intervenciones de nuestra Madre en los acontecimientos del mundo, no son apreciadas ni reconocidas, se ven meramente como resultado de esfuerzos humanos.

La Iglesia del Nuevo Mundo caracterizada por la maternidad espiritual de la Santísima Virgen:
La Virgen afirma claramente que es Nuestra Madre, con una maternidad universal, y expone los actos maternales de su Corazón: amar, compadecerse, ayudar, defender, tener piedad. Le pide la construcción de un templo, pero no para exhibirse ella misma o pretender honores, sino para oír allí los lamentos de sus hijos y remediar todas su miserias, penas y dolores, para ejercer en estos santuarios, de forma no exclusiva, pero si especial, su misión de Madre en favor de todos los hombres. 
En la cuarta aparición la Virgen le abre a Juan Diego todo su Corazón de madre, y le habla con expresiones llenas de afecto maternal: “Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta. No se turbe tu corazón. ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy tu fuente de vida? ¿No estás, por ventura en mi regazo? Que nada te aflija”.
-Bajo su sombra: nos protege del sol o de la lluvia.
-Fuente de vida: ella es Madre en el orden de la gracia, que contribuye en nuestra vida sobrenatural.
 “vida, dulzura y esperanza nuestra”
-En su regazo: en la cavidad de su manto, guardada, abrigada, protegida.
No está la historia de la Iglesia en Latinoamérica llena de la presencia Maternal de la Virgen. Todas las advocaciones que veneramos en nuestros países no son el fruto de una intervención de la Virgen en la vida de nuestros pueblos?.
América es el continente de María, el continente que ha conocido bien de cerca la maternidad espiritual de María. Nunca renunciemos a tan gran elección. ¿Continente de la Esperanza? Será porque en el centro de nuestra vida espiritual, de nuestra cultura, de nuestra Iglesia está la Santísima Virgen. Situada en el centro mismo de aquella “enemistad” de aquella lucha que acompaña la historia de la humanidad en la tierra y la historia misma de la salvación... En esta historia María, sigue siendo una señal de esperanza futura. (Carta Encíclica Redemptoris Mater # 11), porque tenemos una Madre.
Debemos recurrir a ella e invocarla en toda necesidad espiritual y material, completamente seguros que seremos siempre acogidos, escuchados, y nos alcanzará gracia necesaria y en plena coherencia con la voluntad de su Hijo.
1. Sabe lo que necesitamos: porque nos ve en Dios. Desde la gloria vive para velar por sus hijos.
2. Puede concedernos su ayuda: nos logra con una plegaria que Dios de una orden.
3. Quiere ayudarnos: porque nos ama, porque es nuestra Madre.

El Magníficat: oración de alabanza, en la que su Corazón se desborda de afectos, en palabras de agradecimiento, en expresiones de jubilosa admiración por la grandeza divina y por las obras de Dios. En Caná en cambio, la Virgen hace oración de suplica. Es una intercesión de apenas 3 palabras: No tienen vino (San Juan 2,3). Sin embargo, en esa brevedad se nos revela una profundidad sobre las características de la súplica de la Virgen a su Hijo, que merece ser puesta de relieve:
Era su Madre, lo había acunado en sus brazos, y con todo, se abstiene de indicarle lo que debe hacer. Expone la necesidad y deja todo lo demás a su juicio, segura de que la solución que dé al problema, es la mejor, la más indiciada, la que lo resuelve de manera más conveniente. Deja al Señor el campo totalmente libre para que haga su propia voluntad, pero es que porque Ella estaba segura de que su voluntad era lo más perfecto que podría hacerse y lo que de verdad resolvía el asunto. Confía en su sabiduría, en su superior conocimiento, en su visión más amplia y profunda de las cosas que abarca aspectos y circunstancias que Ella podía desconocer. Expone lo que ocurre y lo deja en sus manos.

En la constitución Lumen gentium, el Concilio afirma que «los fieles unidos a Cristo, su Cabeza, en comunión con todos los santos, conviene también que veneren la memoria "ante todo de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo nuestro Dios y Señor"» (n. 52). La constitución conciliar utiliza los términos del canon romano de la misa, destacando así el hecho de que la fe en la maternidad divina de María está presente en el pensamiento cristiano ya desde los primeros siglos.

En la Iglesia naciente, a María se la recuerda con el título de Madre de Jesús. Es el mismo Lucas quien, en los Hechos de los Apóstoles, le atribuye este título, que, por lo demás, corresponde a cuanto se dice en los evangelios: «¿No es éste (...) el hijo de María?», se preguntan los habitantes de Nazaret, según el relato del evangelista san Marcos (6,3). «¿No se llama su madre María?», es la pregunta que refiere san Mateo (13,55).

2. A los ojos de los discípulos, congregados después de la Ascensión, el título de Madre de Jesús adquiere todo su significado. María es para ellos una persona única en su género: recibió la gracia singular de engendrar al Salvador de la humanidad, vivió mucho tiempo junto a él, y en el Calvario el Crucificado le pidió que ejerciera una nueva maternidad con respecto a su discípulo predilecto y, por medio de él, con relación a toda la Iglesia.

Para quienes creen en Jesús y lo siguen, Madre de Jesús es un título de honor y veneración, y lo seguirá siendo siempre en la vida y en la fe de la Iglesia. De modo particular, con este título los cristianos quieren afirmar que nadie puede referirse al origen de Jesús, sin reconocer el papel de la mujer que lo engendró en el Espíritu según la naturaleza humana. Su función materna afecta también al nacimiento y al desarrollo de la Iglesia. Los fieles, recordando el lugar que ocupa María en la vida de Jesús, descubren todos los días su presencia eficaz también en su propio itinerario espiritual.

3. Ya desde el comienzo, la Iglesia reconoció la maternidad virginal de María. Como permiten intuir los evangelios de la infancia, ya las primeras comunidades cristianas recogieron los recuerdos de María sobre las circunstancias misteriosas de la concepción y del nacimiento del Salvador. En particular, el relato de la Anunciación responde al deseo de los discípulos de conocer de modo más profundo los acontecimientos relacionados con los comienzos de la vida terrena de Cristo resucitado. En última instancia, María está en el origen de la revelación sobre el misterio de la concepción virginal por obra del Espíritu Santo.

Los primeros cristianos captaron inmediatamente la importancia significativa de esta verdad, que muestra el origen divino de Jesús, y la incluyeron entre las afirmaciones básicas de su fe. En realidad, Jesús, hijo de José según la ley, por una intervención extraordinaria del Espíritu Santo, en su humanidad es hijo únicamente de María, habiendo nacido sin intervención de hombre alguno.

Así, la virginidad de María adquiere un valor singular, pues arroja nueva luz sobre el nacimiento y el misterio de la filiación de Jesús, ya que la generación virginal es el signo de que Jesús tiene como padre a Dios mismo.

La maternidad virginal, reconocida y proclamada por la fe de los Padres, nunca jamás podrá separarse de la identidad de Jesús, verdadero hombre y verdadero Dios, dado que nació de María, la Virgen, como profesamos en el símbolo niceno-constantinopolitano. María es la única virgen que es también madre. La extraordinaria presencia simultánea de estos dos dones en la persona de la joven de Nazaret impulsó a los cristianos a llamar a María sencillamente la Virgen, incluso cuando celebran su maternidad.

Así, la virginidad de María inaugura en la comunidad cristiana la difusión de la vida virginal, abrazada por los que el Señor ha llamado a ella. Esta vocación especial, que alcanza su cima en el ejemplo de Cristo, constituye para la Iglesia de todos los tiempos, que encuentra en María su inspiración y su modelo, una riqueza espiritual inconmensurable.

4. La afirmación: «Jesús nació de María, la Virgen», implica ya que en este acontecimiento se halla presente un misterio trascendente, que sólo puede hallar su expresión más completa en la verdad de la filiación divina de Jesús. A esta formulación central de la fe cristiana está estrechamente unida la verdad de la maternidad divina de María. En efecto, ella es Madre del Verbo encarnado, que es «Dios de Dios (...), Dios verdadero de Dios verdadero».

El título de Madre de Dios, ya testimoniado por Mateo en la fórmula equivalente de Madre del Emmanuel, Dios con nosotros (cf. Mt 1,23), se atribuyó explícitamente a María sólo después de una reflexión que duró alrededor de dos siglos. Son los cristianos del siglo III quienes, en Egipto, comienzan a invocar a María como Theotókos, Madre de Dios.

Con este título, que encuentra amplio eco en la devoción del pueblo cristiano, María aparece en la verdadera dimensión de su maternidad: es madre del Hijo de Dios, a quien engendró virginalmente según la naturaleza humana y educó con su amor materno, contribuyendo al crecimiento humano de la persona divina, que vino para transformar el destino de la humanidad.

5. De modo muy significativo, la más antigua plegaria a María (Sub tuum praesidium..., «Bajo tu amparo...») contiene la invocación: Theotókos, Madre de Dios. Este título no es fruto de una reflexión de los teólogos, sino de una intuición de fe del pueblo cristiano. Los que reconocen a Jesús como Dios se dirigen a María como Madre de Dios y esperan obtener su poderosa ayuda en las pruebas de la vida.

El concilio de Efeso, en el año 431, define el dogma de la maternidad divina, atribuyendo oficialmente a María el título de Theotókos, con referencia a la única persona de Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre.

Las tres expresiones con las que la Iglesia ha ilustrado a lo largo de los siglos su fe en la maternidad de María: Madre de Jesús, Madre virginal y Madre de Dios, manifiestan, por tanto, que la maternidad de María pertenece íntimamente al misterio de la Encarnación. Son afirmaciones doctrinales, relacionadas también con la piedad popular, que contribuyen a definir la identidad misma de Cristo.

1. En la narración del nacimiento de Jesús, el evangelista Lucas refiere algunos datos que ayudan a comprender mejor el significado de ese acontecimiento.

Ante todo, recuerda el censo ordenado por César Augusto, que obliga a José, «de la casa y familia de David», y a María, su esposa, a dirigirse «a la ciudad de David, que se llama Belén» (Lc 2,4).

Al informarnos acerca de las circunstancias en que se realizan el viaje y el parto, el evangelista nos presenta una situación de austeridad y de pobreza, que permite vislumbrar algunas características fundamentales del reino mesiánico: un reino sin honores ni poderes terrenos, que pertenece a Aquel que, en su vida pública, dirá de sí mismo: «El Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza» (Lc 9,58).

2. El relato de san Lucas presenta algunas anotaciones, aparentemente poco importantes, con el fin de estimular al lector a una mayor comprensión del misterio de la Navidad y de los sentimientos de la Virgen al engendrar al Hijo de Dios.

La descripción del acontecimiento del parto, narrado de forma sencilla, presenta a María participando intensamente en lo que se realiza en ella: «Dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre» (Lc 2,7). La acción de la Virgen es el resultado de su plena disponibilidad a cooperar en el plan de Dios, manifestada ya en la Anunciación con su «Hágase en mi según tu voluntad» (Lc 1,38).

María vive la experiencia del parto en una situación de suma pobreza: no puede dar al Hijo de Dios ni siquiera lo que suelen ofrecer las madres a un recién nacido; por el contrario, debe acostarlo «en un pesebre», una cuna improvisada que contrasta con la dignidad del «Hijo del Altísimo».

3. El evangelio explica que «no había sitio para ellos en el alojamiento» (Lc 2,7). Se trata de una afirmación que, recordando el texto del prólogo de san Juan: «Los suyos no lo recibieron» (Jn 1,11), casi anticipa los numerosos rechazos que Jesús sufrirá en su vida terrena. La expresión «para ellos» indica un rechazo tanto para el Hijo como para su Madre, y muestra que María ya estaba asociada al destino de sufrimiento de su Hijo y era partícipe de su misión redentora.

Jesús, rechazado por los «suyos», es acogido por los pastores, hombres rudos y no muy bien considerados, pero elegidos por Dios para ser los primeros destinatarios de la buena nueva del nacimiento del Salvador. El mensaje que el ángel les dirige es una invitación a la alegría: «Os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo» (Lc 2,10), acompañada por una exhortación a vencer todo miedo: «No temáis».

En efecto, la noticia del nacimiento de Jesús representa para ellos, como para María en el momento de la Anunciación, el gran signo de la benevolencia divina hacia los hombres. En el divino Redentor, contemplado en la pobreza de la cueva de Belén, se puede descubrir una invitación a acercarse con confianza a Aquel que es la esperanza de la humanidad.

El cántico de los ángeles: «Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace», que se puede traducir también por «los hombres de la benevolencia» (Lc 2,14), revela a los pastores lo que María había expresado en su Magníficat: el nacimiento de Jesús es el signo del amor misericordioso de Dios, que se manifiesta especialmente hacia los humildes y los pobres.

4. A la invitación del ángel los pastores responden con entusiasmo y prontitud: «Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado» (Lc 2,15).
Su búsqueda tiene éxito: «Encontraron a María y a José, y al niño» (Lc 2,16). Como nos recuerda el Concilio, «la Madre de Dios muestra con alegría a los pastores (...) a su Hijo primogénito» (Lumen gentium, 57). Es el acontecimiento decisivo para su vida.

El deseo espontáneo de los pastores de referir «lo que les habían dicho acerca de aquel niño» (Lc 2,17), después de la admirable experiencia del encuentro con la Madre y su Hijo, sugiere a los evangelizadores de todos los tiempos la importancia, más aún, la necesidad de una profunda relación espiritual con María, que permita conocer mejor a Jesús y convertirse en heraldos jubilosos de su Evangelio de salvación.

Frente a estos acontecimientos extraordinarios, san Lucas nos dice que María «guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón» (Lc 2,19). Mientras los pastores pasan del miedo a la admiración y a la alabanza, la Virgen, gracias a su fe, mantiene vivo el recuerdo de los acontecimientos relativos a su Hijo y los profundiza con el método de la meditación en su corazón, o sea, en el núcleo más íntimo de su persona. De ese modo, ella sugiere a otra madre, la Iglesia, que privilegie el don y el compromiso de la contemplación y de la reflexión teológica, para poder acoger el misterio de la salvación, comprenderlo más y anunciarlo con mayor impulso a los hombres de todos los tiempos.

1. La contemplación del misterio del nacimiento del Salvador ha impulsado al pueblo cristiano no sólo a dirigirse a la Virgen santísima como a la Madre de Jesús, sino también a reconocerla como Madre de Dios. Esa verdad fue profundizada y percibida, ya desde los primeros siglos de la era cristiana, como parte integrante del patrimonio de la fe de la Iglesia, hasta el punto de que fue proclamada solemnemente en el año 431 por el concilio de Éfeso.

En la primera comunidad cristiana, mientras crece entre los discípulos la conciencia de que Jesús es el Hijo de Dios, resulta cada vez más claro que María es la Theotókos, la Madre de Dios. Se trata de un título que no aparece explícitamente en los textos evangélicos, aunque en ellos se habla de la «Madre de Jesús» y se afirma que él es Dios (Jn 20,28; cf. 5,18; 10,30.33). Por lo demás, presentan a María como Madre del Emmanuel, que significa Dios con nosotros (cf. Mt 1,22-23).

Ya en el siglo III, como se deduce de un antiguo testimonio escrito, los cristianos de Egipto se dirigían a María con esta oración: «Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios: no desoigas la oración de tus hijos necesitados; líbranos de todo peligro, oh siempre Virgen gloriosa y bendita» (Liturgia de las Horas). En este antiguo testimonio aparece por primera vez de forma explícita la expresión Theotókos, «Madre de Dios».

En la mitología pagana a menudo alguna diosa era presentada como madre de algún dios. Por ejemplo, Zeus, dios supremo, tenía por madre a la diosa Rea. Ese contexto facilitó, tal vez, en los cristianos el uso del título Theotókos, «Madre de Dios», para la madre de Jesús. Con todo, conviene notar que este título no existía, sino que fue creado por los cristianos para expresar una fe que no tenía nada que ver con la mitología pagana, la fe en la concepción virginal, en el seno de María, de Aquel que era desde siempre el Verbo eterno de Dios.

2. En el siglo IV, el término Theotókos ya se usa con frecuencia tanto en Oriente como en Occidente. La piedad y la teología se refieren cada vez más a menudo a ese término, que ya había entrado a formar parte del patrimonio de fe de la Iglesia.

Por ello se comprende el gran movimiento de protesta que surgió en el siglo V cuando Nestorio puso en duda la legitimidad del título «Madre de Dios». En efecto, al pretender considerar a María sólo como madre del hombre Jesús, sostenía que sólo era correcta doctrinalmente la expresión «Madre de Cristo». Lo que indujo a Nestorio a ese error fue la dificultad que sentía para admitir la unidad de la persona de Cristo y su interpretación errónea de la distinción entre las dos naturalezas -divina y humana- presentes en él.

El concilio de Efeso, en el año 431, condenó sus tesis y, al afirmar la subsistencia de la naturaleza divina y de la naturaleza humana en la única persona del Hijo, proclamó a María Madre de Dios.

3. Las dificultades y las objeciones planteadas por Nestorio nos brindan la ocasión de hacer algunas reflexiones útiles para comprender e interpretar correctamente ese título. La expresión Theotókos, que literalmente significa «la que ha engendrado a Dios», a primera vista puede resultar sorprendente, pues suscita la pregunta: ¿cómo es posible que una criatura humana engendre a Dios? La respuesta de la fe de la Iglesia es clara: la maternidad divina de María se refiere sólo a la generación humana del Hijo de Dios y no a su generación divina. El Hijo de Dios fue engendrado desde siempre por Dios Padre y es consustancial con él. Evidentemente, en esa generación eterna María no intervino para nada. Pero el Hijo de Dios, hace dos mil años, tomó nuestra naturaleza humana y entonces María lo concibió y lo dio a luz.

Así pues, al proclamar a María «Madre de Dios», la Iglesia desea afirmar que ella es la «Madre del Verbo encarnado, que es Dios». Su maternidad, por tanto, no atañe a toda la Trinidad, sino únicamente a la segunda Persona, al Hijo, que, al encarnarse, tomó de ella la naturaleza humana.

La maternidad es una relación entre persona y persona: una madre no es madre sólo del cuerpo o de la criatura física que sale de su seno, sino de la persona que engendra. Por ello, María, al haber engendrado según la naturaleza humana a la persona de Jesús, que es persona divina, es Madre de Dios.

4. Cuando proclama a María «Madre de Dios», la Iglesia profesa con una única expresión su fe en el Hijo y en la Madre. Esta unión aparece ya en el concilio de Éfeso; con la definición de la maternidad divina de María los padres querían poner de relieve su fe en la divinidad de Cristo. A pesar de las objeciones, antiguas y recientes, sobre la oportunidad de reconocer a María ese título, los cristianos de todos los tiempos, interpretando correctamente el significado de esa maternidad, la han convertido en expresión privilegiada de su fe en la divinidad de Cristo y de su amor a la Virgen.

En la Theotókos la Iglesia, por una parte, encuentra la garantía de la realidad de la Encarnación, porque, como afirma san Agustín, «si la Madre fuera ficticia, sería ficticia también la carne (...) y serían ficticias también las cicatrices de la resurrección» (Tract. in Ev. Ioannis, 8,6-7). Y, por otra, contempla con asombro y celebra con veneración la inmensa grandeza que confirió a María Aquel que quiso ser hijo suyo. La expresión «Madre de Dios» nos dirige al Verbo de Dios, que en la Encarnación asumió la humildad de la condición humana para elevar al hombre a la filiación divina. Pero ese título, a la luz de la sublime dignidad concedida a la Virgen de Nazaret, proclama también la nobleza de la mujer y su altísima vocación. En efecto, Dios trata a María como persona libre y responsable y no realiza la encarnación de su Hijo sino después de haber obtenido su consentimiento.

Siguiendo el ejemplo de los antiguos cristianos de Egipto, los fieles se encomiendan a Aquella que, siendo Madre de Dios, puede obtener de su Hijo divino las gracias de la liberación de los peligros y de la salvación eterna.

1. Aunque se realizó por obra del Espíritu Santo y de una Madre Virgen, la generación de Jesús, como la de todos los hombres, pasó por las fases de la concepción, la gestación y el parto. Además, la maternidad de María no se limitó exclusivamente al proceso biológico de la generación, sino que, al igual que sucede en el caso de cualquier otra madre, también contribuyó de forma esencial al crecimiento y desarrollo de su hijo.

No sólo es madre la mujer que da a luz un niño, sino también la que lo cría y lo educa; más aún, podemos muy bien decir que la misión de educar es, según el plan divino, una prolongación natural de la procreación.

María es Theotókos, Madre de Dios, no sólo porque engendró y dio a luz al Hijo de Dios, sino también porque lo acompañó en su crecimiento humano.

2. Se podría pensar que Jesús, al poseer en sí mismo la plenitud de la divinidad, no tenía necesidad de educadores. Pero el misterio de la Encarnación nos revela que el Hijo de Dios vino al mundo en una condición humana totalmente semejante a la nuestra, excepto en el pecado (cf. Hb 4,15). Como acontece con todo ser humano, el crecimiento de Jesús, desde su infancia hasta su edad adulta (cf. Lc 2,40), requirió la acción educativa de sus padres.

El evangelio de san Lucas, particularmente atento al período de la infancia, narra que Jesús en Nazaret se hallaba sujeto a José y a María (cf. Lc 2,51). Esa dependencia nos demuestra que Jesús tenía la disposición de recibir y estaba abierto a la obra educativa de su madre y de José, que cumplían su misión también en virtud de la docilidad que él manifestaba siempre.
3. Los dones especiales, con los que Dios había colmado a María, la hacían especialmente apta para desempeñar la misión de madre y educadora. En las circunstancias concretas de cada día, Jesús podía encontrar en ella un modelo para seguir e imitar, y un ejemplo de amor perfecto a Dios y a los hermanos.

Además de la presencia materna de María, Jesús podía contar con la figura paterna de José, hombre justo (cf. Mt 1,19), que garantizaba el necesario equilibrio de la acción educadora. Desempeñando la función de padre, José cooperó con su esposa para que la casa de Nazaret fuera un ambiente favorable al crecimiento y a la maduración personal del Salvador de la humanidad. Luego, al enseñarle el duro trabajo de carpintero, José permitió a Jesús insertarse en el mundo del trabajo y en la vida social.

4. Los escasos elementos que el evangelio ofrece no nos permiten conocer y valorar completamente las modalidades de la acción pedagógica de María con respecto a su Hijo divino. Ciertamente, ella fue, junto con José, quien introdujo a Jesús en los ritos y prescripciones de Moisés, en la oración al Dios de la alianza mediante el uso de los salmos y en la historia del pueblo de Israel, centrada en el éxodo de Egipto. De ella y de José aprendió Jesús a frecuentar la sinagoga y a realizar la peregrinación anual a Jerusalén con ocasión de la Pascua.
Contemplando los resultados, ciertamente podemos deducir que la obra educativa de María fue muy eficaz y profunda, y que encontró en la psicología humana de Jesús un terreno muy fértil.
5. La misión educativa de María, dirigida a un hijo tan singular, presenta algunas características particulares con respecto al papel que desempeñan las demás madres. Ella garantizó solamente las condiciones favorables para que se pudieran realizar los dinamismos y los valores esenciales del crecimiento, ya presentes en el hijo. Por ejemplo, el hecho de que en Jesús no hubiera pecado exigía de María una orientación siempre positiva, excluyendo intervenciones encaminadas a corregir. Además, aunque fue su madre quien introdujo a Jesús en la cultura y en las tradiciones del pueblo de Israel, será él quien revele, desde el episodio de su pérdida y encuentro en el templo, su plena conciencia de ser el Hijo de Dios, enviado a irradiar la verdad en el mundo, siguiendo exclusivamente la voluntad del Padre. De «maestra» de su hijo, María se convirtió así en humilde discípula del divino Maestro, engendrado por ella.
Permanece la grandeza de la tarea encomendada a la Virgen Madre: ayudó a su Hijo Jesús a crecer, desde la infancia hasta la edad adulta, «en sabiduría, en estatura y en gracia» (Lc 2,52) y a formarse para su misión.

María y José aparecen, por tanto, como modelos de todos los educadores. Los sostienen en las grandes dificultades que encuentra hoy la familia y les muestran el camino para lograr una formación profunda y eficaz de los hijos.

Su experiencia educadora constituye un punto de referencia seguro para los padres cristianos, que están llamados, en condiciones cada vez más complejas y difíciles, a ponerse al servicio del desarrollo integral de la persona de sus hijos, para que lleven una vida digna del hombre y que corresponda al proyecto de Dios.

[L'Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, del 6-XII-96]

Fuentes: